sábado, 10 de julio de 2010

La huella

Se hunde el pie y sientes el calor. Descalza notas el contacto con la tierra, con lo básico, con la base. La arena de la playa se cuela entre tus dedos haciéndote sentir un granito más entre tantos. Es la misma que la del desierto aunque este no acaba en el mar. Allí no puedes consolar tus doloridos y achicharrados pies con el frescor del agua marina y aunque hermoso, el mero hecho de pensar en él en estos días de calor abrasador, te hace rechazarlo totalmente.
Cuando paseas por la playa y ves como tus pies van dejando huellas que pronto desaparecerán con el flujo de la marea, sientes que trazas un camino que podrás recorrer en sentido inverso. Pero nunca podemos volver sobre nuestros propios pasos, ni siquiera para volver a dejar otra huella sobre la anterior, que no nos salió bonita.
Aquella huella se fundió con el mar y ahí quedará para siempre. Solo podemos seguir adelante y tratar de marcar nuevas huellas, más bonitas y perfectas que nos hagan sentir orgullosos de nosotros mismos. Y aunque el mar se las lleve siempre nos quedará la satisfacción de haber plantado nuestros pies en la arena con la intención de hacerlo lo mejor posible.

1 comentario:

  1. Tus ojos ven lo que no vemos los demás. Estamos ciegos y no nos damos cuenta. Tu blog es nuestro bastón. Gracias.

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