miércoles, 27 de mayo de 2015

Como un centauro

Bajo mis piernas arqueadas siento el calor de su piel junto a mí. Su vaivén cadencioso produce un hormigueo intenso en la cara interior de mis muslos y el placer comienza a recorrer lentamente a lo largo de toda mi columna vertebral.
Acaricio con mis manos su cabello liso y suave, buscando que también se estremezca de placenteras sensaciones.
Grito su nombre. Lo animo con mis movimientos a cambiar el ritmo de su cuerpo. Quiero más intensidad y la exijo.
Y cabalgamos juntos. Buscamos el sudor que solo los cuerpos que se satisfacen saben conseguir.
Al llegar a la meta, juntos, nuestras respiraciones, agitadas de tantas emociones compartidas, comienzan a suavizarse. Resoplo, resopla...
El caballo gira alternativamente su cabeza para manifestar su bienestar tras la intensa cabalgada. Mi corazón, batiendo sobre mi pecho satisfecho, acompasa su latir al ritmo del paso lento del caballo.
Desde lo alto de mi atalaya equina siento que cual Centauro domino la tierra y que mis piernas y las del caballo se han fundido en un único ser...

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