jueves, 28 de mayo de 2015

¡Vuela!

De reojo miras al sofá y piensas:"Te deseo''. Te deseo tan intensamente que ni Jamie de Outlander podría conseguir que apartara mis pensamientos de ti. Te deseo más que un helado de Rayas en primavera o que una cervecita del Tremendo en verano...Eres todo lo que necesito para ser feliz...
Pero el rapacito comienza su cantarino gemido y toca pasar de largo.
- Nos encontraremos luego, mi amor- piensas esperanzada cuando el empeine de tu pierna roza el suave tejido del preciado objeto de tus deseos - Todavía encontraré un momento para que me envuelvas entre tus mullidos brazos...
Mas el tiempo pasa y la noche cae. Tus cansados pies van marcando con su roce el triste camino de tu arduo e incansable caminar.
Las horas pasan, el peso pesa, y aún así no te puedes permitir el respiro de vivir. Los brazos caen, los hombros desaparecen y sientes que tu columna vertebral se volvió de gelatina y perdió su sujeción. - Un poco más - piensas cuando ves que el reloj hace ya mucho que marcó la media noche- solo una lavadora y me siento a sentir.
Y el cuerpo se quiebra, el alma se rompe. Hace mucho que dejaste de ser tú para ser el sostén de todas las existencias que te rodean. Y no quieres parar para pensarlo, apenas paras para sentir que sigues teniendo cuerpo, y respira, suda, reacciona, pero...¿vive?
Ha llegado tu momento. El de pensar, el de vivir, el de leer palabras que rasguen ataduras y te monten en tu propio caballo salvador.
No renuncies a amar o servir, mas no hipoteques tu alma y tu vida hasta el punto que las fuerzas se marchiten y el cuerpo te frene, la esencia que eres te sea ajena y ni tú misma te reconozcas.

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