domingo, 27 de marzo de 2016

Me he fijado en ti.



Me he fijado en ti. Aunque estabas rodeada de miles de tus semejantes, medio enterrada en la arena algo me llevó a cogerte.


Me he fijado en ti. Aunque estabas oculta, aunque no querías que se te viera...Brillabas entre la arena oscura, con un fulgor rosa,  anacarado,  que deslumbraba en medio de la orilla.

¿Qué historias guardas?


Y pareces responderme. "Te fijaste en mí por mi color.  En la esencia de mi concha se guardan historias que solo yo sé. Compartimos una misma existencia y tal y como yo permanezco tras mi muerte, dejando como huella esta concha que hoy recoges, tú permanecerás tras tu partida con todo aquello que escribes".

Me he fijado en ti. Entre miles de conchas solo te he querido a ti, para llevarte conmigo...
Ahora nuestas vidas son paralelas porque hoy nos hemos encontrado en la playa.
Y cuando pase el tiempo y de ti apenas quede arena, de mí solo quedarán estas palabras que flotarán en el océano de una red sin fin.

jueves, 24 de marzo de 2016

Y volar hacia la nada.


 Con esa mirada lo siento todo.
A pesar de la distancia física creo reconocer en la profundidad de las pupilas las palabras que, mudas, no se pronuncian casi nunca.
El miedo, aliado incansable de almas torturadas, no deja hablar a la boca y apenas se le escapa por los ojos los sonidos no emitidos.
Y ni brillan por las lágrimas porque hasta eso está prohibido.
El dolor, callado, asumido, consentido y aceptado, se asienta tras una mirada permamentemente cerrada. Porque no se quiere ver, y antes de enfermar es mejor entornar los párpados secos y no mirar.
La luz al otro lado brilla demasiado fuerte. Se desboca el sentimiento y no se sabe como parar tanta locura. No hay camino, no hay salida.
Vivir torturados dentro de nosotros mismos es lo peor que le puede pasar a un ser humano.
Unos, desesperados, caen en depresiones inacabables. Otros, rendidos, asumen vivir encerrados y solo escapan cuando la jaula se abre en instantes robados a la vida.
Y el tiempo, verdugo incansable de los palpitares, cabalga rápido hacia la nada, hacia ese momento en el que se despierta, se mira atrás y se cae en la cuenta de que ya no hay retorno, que la vida pasó y apenas ha dejado más huellas que esos aleteos ilusionados que se batieron hace mucho.


martes, 22 de marzo de 2016

Microrrelatos 2014

Estos dos minirrelatos los presenté a concurso. ¡Éxito cero! Pero lo comparto para quien quiera leerlos

Falsa libertad.

Venas rojas en los ojos reflejan el cansancio. Meses de arenas rascando los pies marchitos. La piel, ajada por el frío y el sol, apenas resiste. Un salto queda. No importa la sangre, no importa la herida. Allí, tras la valla, está la libertad. ¡Cuán engañados llegan! Huir de la natural riqueza en pos de la civilizada pobreza.


Reencuentro

Aroma de azahar. En el bosque de piernas un cortejo pasaba frente a mi. Encapuchados ofreciéndome caramelos.

Allí, reflejado en el dorado liso de una trompa, te vi. Giramos los rostros y supe que me reconociste en tu sonrisa de bebé. Habíamos llegado. Atrás quedaron experiencias pasadas. Solo futuro en el frente. Solo quedaba esperar. Podíamos olvidar hasta entonces.

Microrrelato de 2012

Hoy me puse a  revisar los cientos de emails que nunca borré y entre ellos encontré un microrrelato que me encargaron a finales de 2012. Es curioso que aparezca ahora que tanto hago trabajando con la Ley de la Atracción. Lo comparto porque creo que nunca lo publiqué y a mí me ha gustado.
ENCUENTRO EN LA PLAYA

El vislumbrar su manto color canela hace que mi corazón acelere el ritmo de mis piernas para llegar a la playa. Entre el batir de sus latidos que retumban en mis oídos, el sonido del mar, salvaje, va penetrando poco a poco en una melodía inacabable.
Hundo mis pies en la arena, y el fluir de su calor por entre mis dedos acrecienta la sensación de presencia. Aquí y ahora. Todo es posible.
Guío mis pasos hacia el agua. La espuma blanca de las olas se diluye en la orilla besando con timidez la arena seca y cálida, tornándola firme y fresca.
Miro al horizonte y el sol, cada vez más tímido, aún irradia sus rayos en un cielo azul que anuncia una puesta de sol anaranjada.
Algunas personas pasean en paralelo a la costa. Otras simplemente se sientan a la orilla a observar el vaivén de las olas en su perpetuo caminar. Un chico corre por el margen del agua. Algo cae.

—¡ Perdona! — grito — se te ha caído algo.

El chico se gira sobre sí mismo y unos grandes ojos verdes, enmarcados por unas largas pestañas me miran con extrañeza.

— ¿Me hablas a mí? — me responde con una respiración jadeante y entrecortada

Me impacta esa mirada y solo se me ocurre una cosa: «Tengo que retenerlo como sea»

— Es que me parece que esto es tuyo — digo. « Piensa Brenda, piensa...que se te va».

He recogido un papel de color amarillo que tiene algo anotado. Si no me hubiese dado cuenta el agua lo habría engullido y el chico no se habría dado ni cuenta. No creo en las casualidades y por eso busco en mi cerebro la fórmula para conseguir que éste se pare y me acompañe en el paseo vespertino.

Le alargo el brazo para entregarle el papel y él se queda mirándome a los ojos sin prestar atención a mi brazo extendido.

— Muchas gracias — responde — no era algo muy importante. No hasta ahora — enfatiza—  pero me alegro de haber cogido esa nota justo antes de salir. De no haberla llevado no se habría caído, y me habría privado de la oportunidad que me brinda ahora la vida.

— ¿Cómo dices? — apenas me puedo creer que esto esté sucediendo. Deseaba encontrar una excusa para retenerlo y él se retiene solo ante mí — ¿No era importante y aún así estás contento de que te haya interrumpido en tu sesión de deporte?

— Cada tarde salgo a correr a esta misma hora — suspira. Su respiración va retornando a la normalidad y se va acompasando al ritmo que marcan las olas.
Estamos frente a frente. Dos desconocidos que se acaban de mirar a los ojos y que están buscando excusas para permanecer juntos.

— ¿Puedo acompañarte? — me pregunta sin más — ya he perdido el ritmo de la carrera y me apetece más disfrutar del espectáculo que se anuncia para hoy.

— Claro, la playa es de todos y me parece bien pasear en compañía — las palabras no han terminado de salir de mi boca y ya estoy arrepentida por lo dicho — Eh...quiero decir, que sí, claro..que será un placer pasear contigo.

— ¿Sabes una cosa? Yo no  creo en las casualidades y sé que hoy estábamos destinados a conocernos

— ¡Qué casualidad! — rectifico — oh, no...casualidad no...¡Qué!...¿qué?. Es que yo pienso exactamente lo mismo, que la casualidad no existe, pero casualmente hoy hemos coincidido, estamos coincidiendo...y no encuentro las palabras para definir lo que acaba de pasar, lo que pasa...

— ¡Ja, ja, ja! — ríe con dulzura — eres adorable. Ese titubeo que acompaña a la firmeza de tus ideas es una mezcla perfecta para unos ojos tan hermosos y una luz tan intrigante.

— Creo que se llama sincronicidad o algo así...— trato de reponerme del impacto de estas palabras — tener en el pensamiento algo, o pensar en alguien y de repente todo permite que lo que imaginaste se manifieste en tu mundo físico.

— ¿Quieres decir con eso que ya habías pensado en mi? — sonríe burlonamente y el sol, anaranjado, se refleja en el fondo de sus preciosos ojos verdes. La playa se torna cada vez más gris pero la chispa que ha surgido ilumina casi tanto como el sol.

— Solo digo que venía pensando en lo bonito que sería ver la puesta de sol acompañada de alguien agradable, y aquí estás tú. No sé si esto será sincronicidad o casualidad, o causalidad, o el destino, o son cosas de la ley de la gravedad que hizo caer ese papelito...quién lo sabe. El caso es que aquí llevamos ya un rato...un rato muy agradable por cierto

— Cierta vez leí que la sincronicidad se confunde con la magia. Hablamos de momentos mágicos cuando somos conscientes de que lo que nos está pasando es la respuesta a nuestros deseos más profundos. Sentimos que algo sobrenatural está ayudando a nuestros sueños a materializarse. Como si un mago azul, como el de Aladdin, estuviese esperando a que le mandásemos un pensamiento para hacerlo realidad mediante la magia.— Me toma de la mano — y hoy el mago se ha materializado en un posit, cuadrado y amarillo con una información intrascendente pero que ha permitido que entablemos esta conversación.

— ¿Entonces crees en la magia?¿Piensas realmente que hay algo que permite que los sueños se hagan realidad solo por el hecho de soñarlos? — por un momento miro al mar e imagino que por entre la espuma de las olas se asoma Neptuno para guiñarme un ojo lleno de complicidad — ¿Te puedo preguntar una cosa?

Me doy cuenta de ha seguido el recorrido de mi mirada hacia el mar y siento cierto rubor al imaginar la cara que habré puesto al descubrir al dios del mar lanzándome tal gesto de complicidad.

— Pregunta lo que quieras — titubea — ¿Me has dicho tu nombre?

— No, no te lo he dicho, perdona, soy Brenda ¿cómo te llamas tú? — quiero mantener firmeza pero poco a poco voy sintiendo como mis piernas se hunden más y más en la arena — pero ten en cuenta que desde el momento en que me digas tu nombre dejaremos de ser desconocidos.

— Acepto el reto de convertirme en un conocido— sonríe con la sonrisa más radiante que he visto jamás — soy Pedro — dice sin más — y ahora...lanza tu pregunta...¿después puedo preguntar yo?

— Claro — respondo — A ver, si el mago de Aladdin apareciese ante ti ¿qué le pedirías?

Se ha quedado muy pensativo. Su mirada ha viajado en un momento hacia la raya del sol que presto a morir regala ya sus últimos destellos en el mar, hacia la arena de la duna que se oscurece por momentos, y hacia mí.

— No es una pregunta fácil la que haces, amiga Brenda.. Imagino que lo que te responda será fundamental para que avances en el conocimiento de este, hasta hace unos minutos, desconocido de la playa. Si te soy completamente sincero puedo llegar a resultarte absurdamente mentiroso o idealista pero lo cierto es que sí hay sueños que me gustaría ver realizados, sea con la ayuda de ese divertido y maravilloso mago, o sea por la transformación completa del ser humano.

No sé qué es lo que está pasando, pero por momentos, voy sintiendo que una gran fuerza me va subyugando con las palabras de mi recién estrenado amigo. Intuyo que va a decir algo interesante, algo sorprendente, algo mágico...¡claro!...¿cómo no?

— Mi gran deseo — dice girándose  hacia mí. No para de acariciar mis ojos con una mirada que va adquiriendo, con la presencia de la noche, la tonalidad del musgo navideño — es que en el mundo nadie sufra. Y fíjate que no digo que salvemos el planeta, o que erradiquemos el hambre o que amemos a nuestros semejantes. Solo pido que no haya sufrimiento. Y con ello creo que lo abarco todo. No se sufre si no falta el alimento, si no falta el amor, si podemos observar nuestro entorno y verlo sano y sostenible, si la enfermedad no nos ataca, ni se arrima a nuestros semejantes.  No se sufre si el amor nos acompaña, si participamos en la felicidad de los demás, si respetamos nuestro cuerpo y nuestra mente. Ese es mi deseo.

— Es tarde, Pedro — Necesito salir de aquí porque es imposible que lo que oigo pueda ser cierto — si te parece seguimos con nuestra conversación en otro momento. Se está haciendo de noche y no quiero que se preocupen en casa. Ya nos vemos...

—  Ya ves, Brenda — un destello de tristeza comienza a nublar unos ojos que se vuelven cada vez más negros — los sueños no son magia, porque de serlos el sol se habría esperado un poco más para evitar el sufrimiento que tu marcha me produce.

Un escalofrío recorre mi cuerpo y dirijo mis pasos hacia el paseo marítimo. Al fondo, la luz mortecina de las farolas indican que la magia se acaba y que lo que empezó por el capricho de un posit amarillo finalice con el sueño más maravilloso que algún ser humano pudo imaginar.

sábado, 19 de marzo de 2016

El último segundo

Lo que dista la vida de la muerte es una distancia imperceptible, un instante ínfimo, un flash instantáneo. 
Ahora estamos vivos, imaginamos proyectos, soñamos dormidos...y despiertos y en una imperceptible inmensidad todo ese presente ha terminado.
Como dijo Jorge Manrique "Despierte el alma dormida"... Mas que despierte antes de cruzar al otro lado. puesto que el alma no muere, solo duerme en cuanto ocupa el cuerpo vivo. Si despertase y se diese cuenta de su inmortalidad el mundo entero cambiaría.
Aprenderíamos la lección del amor incondicional. Aprenderíamos que estamos jugando un juego de roles y que en la próxima partida nos puede tocar ser el niño refugiado que morirá en una orilla cualquiera, o la mujer maltratada que no ve más allá de la prisión de su cocina, o el transexual que vive preso en un cuerpo que no reconoce, o...¡hay tantos personajes en este juego!
Lo absurdo es creernos inmortales en nuestra mortalidad. Lo inmortal solo obtiene el pleno entendimiento en cuanto suelta su materialidad. O cuando despierta en vida y es consciente de que ésta es apenas un instante elegido para adquirir nuevas experiencias con las que seguir avanzando.
Hoy le dedico mi entrada a esa compañera de una amiga que ayer, al cruzar un ceda el paso, encontró que era el camino hacia la laguna Estigia, donde el barco de Caronte la esperaba. Aún estará dormida, porque no esperaría regresar tan pronto y sin prepararse, pero pronto será consciente de su inmortalidad y decidirá que rol quiere en la próxima partida. Descansa en paz...o no?

martes, 15 de marzo de 2016

¿Me has reconocido en el ahora?

Me dices que soy un alma antigua. ¿Porqué tus palabras hacen que mis lágrimas fluyan sin control?
No te reconozco pero sé que no me mientes. Aún muchas puertas permanecen cerradas pero tras ellas aguardan almas como la tuya, esperando que coja el llavero de mil llaves y os vaya abriendo las puertas de mis incredulidades.
Me dices que estamos llamados a encontrarnos. Que este valle de lágrimas puede ser ya nuestra última estación. Porque lo hemos decidido mucho antes de reservar este tren.
Me dices que mis ojos reflejan sabiduría. Y yo siento que mis ojos fueron fuente de dolor, de oscuridad y desesperanza. Pero también siento en el profundo pozo de mis verdades que mis ojos son las ventanas de mi alma y que tú has podido reconocerme.
Me dices que te sientes sola, que no comprendes porque tienes que seguir aquí y sientes que esta no es tu casa, que este no es tu sitio.
Y yo te digo que somos muchos los que andamos dando círculos con vendas en los ojos. Y solo algunos han comenzado a despertar. Y estos andan soltando las vendas visuales a los demás, a los que tanta luz les produce una ceguera pasajera. Después se entornan los ojos y a través de las pestañas se dejan pasar finas líneas de brillo y se acomodan las pupilas al resplandor del conocimiento.
Y de repente comprenden que estaban dormidos...

domingo, 13 de marzo de 2016

Preso en ti mismo

Mi corazón palpita a lo lejos solo con tu recuerdo. Te sueño.
En mi esencia tu fragancia me traslada a esos instantes que robamos al amor. Hace ya tanto que te quise que no sé porqué sigues habitando tan dentro.

Solo tu mirada plegada al sufrimiento me hace comprender que tu pacto sigue vigente. Has encerrado en un bunquer la posibilidad de sentir. Atrapaste a tu corazón con rigor, lo encerraste en la prisión de lo correcto y nunca más pudo sentir.

Mas no te diré nunca adiós porque él sigue vivo. Me recuerdas y se clavan en tu corazón las cadenas que lo ahogan. Necesita palpitar aunque lo niegues, aunque prefieras ser un muerto viviente antes de enfrentar la realidad.