viernes, 23 de diciembre de 2016

El dominó

Hace varios días que un dominó rondaba mi cabeza. Pensaba en lo frágil que es mantener un caminito de piezas de dominó erguidas no ya durante el vaivén de un terremoto, sino también durante el más suave cimbreo del lugar donde se posan.
La vida viene a ser lo mismo. Vamos colocando piezas con mucho cuidado y siempre se espera que solo cuando lo decidimos se producirá ese pequeñísimo empujón que hace que una pieza caiga sobre su vecina y una tras otra vayan desbaratando lo que habíamos construido con tanto cuidado.
Pero como hace tanto que construiste tu camino ya no recuerdas donde dejaste los respiraderos para poder frenar la caída. Igual no dejaste ese espacio y de esta vez todas las piezas caen irremediablemente.
Y por un lado eso da miedo. No quieres que pase porque se puede herir a muchas de las piezas que hay en el camino. Porque hay desniveles realmente altos, y la pieza que sufre esa caída puede incluso romperse. Por eso se trata de retrasar lo más posible cualquier movimiento brusco que haga vibrar toda nuestra vida. Porque hay miedo al cambio,miedo a descubrir qué ocultan tantas y tantas piezas que están ahí solo para hacer bulto.
Pero tampoco es bueno permanecer siempre en el mismo lugar. Un cambio puede ser lo que necesitamos para que la vida mejore. Y aunque duele la caída, desde el suelo podemos ver otra perspectiva realmente interesante de la vida que nos impulse a levantarnos y a ocupar otra posición desde donde la que observar una nueva realidad.
El cambio de año es siempre un momento en el que siempre se piensa en los cambios. Para el que viene, 2017, cumplo 50 años y creo que de alguna manera ya es momento de que se produzcan cambios trascendentales. No sé de dónde vendrán ni cuando, pero ha llegado el momento de apostar y ganar o perder.
Felices fiestas, piezas de mi vida.

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