domingo, 22 de enero de 2017

La armadura del corazón

Giró la llave y oyó como el clic confirmaba que el mecanismo se cerraba.
Esta vez tenía la firme intención de no abrir nunca más esa cerradura ya que, cual caja de Pandora, únicamente encerraba dolor y cada vez que se abría, de su interior, se escapaba la poca esperanza que había conseguido guardar.
Había amado incondicionalmente varias veces. Y cada vez que había abierto su corazón éste había resultado dañado. Y ya no era necesario hacerlo nunca más.
Se dijo a sí misma que con tanta experiencia acumulada y tanta entrega regalada había cubierto el cupo de toda la vida y que ya estaba bien de ocupar ese lugar en el universo.
Así que miró hacia afuera, dispuesta a observar todo lo que la rodeaba con otros ojos. Y solo vio un espejo.
Allí sus ojos reflejados le dijeron que se equivocaba. Los cerró. Y se dio cuenta de que al cerrarlos podía otear aún el palpitar que acababa de encerrar en su pecho. La armadura no era hermética y por un resquicio de la cerradura brillaban las ganas de seguir amando.
Abrió los ojos.
Solo era necesario cambiar la perspectiva con la que mirar el mundo para seguir viviendo sin tantos pálpitos. Era más que suficiente para empezar.

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