domingo, 26 de julio de 2026

Recordando a Ana

Hoy es el día de Santa Ana y son las fiestas de Alameda del Valle, donde ella pasaba los veranos. Estoy en Pinilla y hoy no puedo dejar de pensar en esa amiga que se fue antes de tiempo. 
He recordado cuando nos conocimos en la discoteca Clip que había en la entrada de Alameda. Iba con Nico ese día y un grupo de chicas de Alemeda se acercaron a nosotros a bailar. Y Ana, Nico y yo nos hicimos amigos para siempre. Yo tenía 18 años y Ana 19.
Desde entonces siempre mantuvimos la amistad aunque nos viéramos muy poco. Ella estaba allí y yo estaba para ella aunque pasáramos meses o años sin vernos.
Ahora, en mi nueva vida estoy separada de todo el mundo, de mi familia, de mis amigos y valoro cada instante que paso con ellos tal y como siempre atesoré los momentos que pasaba con Ana. 
Hoy he querido recordarla porque he parado durante unos días en Pinilla, a vivir conmigo misma sin turistas, sin familia y sin amigos. Solo estoy yo en una casa en la que compartí muchos de los momentos más importantes de mi relación con Ana, brindando con su vino por mi cumpleaños varias veces, charlando en la cocina o en el jardín con los amigos que compartían la velada con nosotras. 
Seguramente volveré a Alameda a visitar a su familia, porque para mí ese pueblo siempre será el de ella y su esencia habita allí. 
También ha venido a mi pensamiento desde Villa del Prado, pueblo que en estos días está cercado por el fuego de uno de los incendios más devastadores de Madrid. Allí Ana construyó su sueño, sus viñas que cuidaba y mimaba como si fueran sus hijos. Unas viñas que le regalaban litros de un vino esquisito que saboreábamos en Navidad, o en verano, o en un tinto de verano en las novilladas de Las Ventas. 
Hoy he permitido que mi alma recuerde y llore por esa amiga, Ana, a la que echo de menos porque seguramente nos habríamos visto en esta visita a la sierra...
Hace poco más de un año que se fue pero nunca será olvidada. Te quiero, Ana.