miércoles, 14 de julio de 2010

El retrovisor


A veces nos convertimos en espectadores silenciosos. Desde mi coche observo como una vida se desarrolla a mis espaldas. Los protagonistas, ignorantes de mi presencia, hablan, ríen, se despiden o besan sintiendo que están solos en ese momento. Pero no, mi presencia muda perturba esa escena invertida. Para mí esos seres solo aparecen en mi retrovisor y sus miradas, sus gestos y su voz aparecen distorsionadas por el reflejo del espejo. Las vidas paralelas pasan por nuestro lado. Las observamos o las ignoramos según sea nuestra percepción de la vida. A veces envidiamos, otras respiramos de alivio. La vida que he visto en mi retrovisor es una vida normal y corriente. Apenas un instante me permite imaginar qué tipo de personas son esos humanos que espío sin querer mientras espero que mis hijos salgan de sus actividades.
A veces deberíamos pararnos más a observar, más que nada las pequeñas cosas que pasan a nuestro alrededor, porque de esas observaciones podemos aprender mucho. Hoy aprendí que un beso puede alegrar una cara que estaba triste. Y con ese gesto yo también he sonreído.

domingo, 11 de julio de 2010

Sentimiento español

Nunca pensé que algún día escribiría algo de corte tan político. No es que mis ojos no sean capaces de ver o analizar la realidad social y política que me rodea, sino que entiendo que cada persona es un mundo y hay cosas que pueden molestar si las expresas. Pero hoy me voy a atrever.
La radio me ha despertado este domingo con dos noticias. Dos noticias, a mi entender, muy contradictorias y ambas de gran trascendencia. Quiero decir con ello que desde hoy España será diferente y el día de hoy, para bien o para mal, marcará el futuro de este país en muchos y variados aspectos.
Uno de los asuntos destacados es la posibilidad al 50% de que España se convierta en campeona del mundo de futbol. Pocas veces en mi vida he visto tantas banderas de España colocadas en balcones y tal exaltación de pertenencia a España. Cuando yo era adolescente el llevar una bandera de España en tu carpeta o en una pulsera te tachaba directamente de facha. Podías ser duramente criticado e incluso agredido. Durante la Eurocopa de Portugal fui consciente de lo que significa sentir el orgullo de pertenecer a un país. En aquel viaje mis hijos y yo jugábamos a contar las banderas portuguesas que había en balcones, coches, camisetas o gorras de los portugueses y pasábamos de cientos todos los días. El otro día mi hija comenzó con el mismo juego en Sevilla y yo misma me sorprendí de como el conteo era incesante. Los españoles, por fin, se sentían orgullosos de serlo y lo proclamaban a los cuatro vientos.

Muy bien, esta mi reflexión sobre el sentimiento y orgullo de sentirse español en un momento tan especial en el ámbito deportivo, se ha visto inundada de matices muy diversos al seguir la otra noticia del día. Las banderas en Cataluña se han vendido mucho estos días. Ayer salió en televisión un reportaje elaborado en una tienda de telas de un municipio catalán que estaba haciendo su agosto en julio. El comerciante indicaba que por igual se estaban vendiendo las banderas catalanas y la española. En la tarde de ayer estaba convocada una manifestación catalanista que tenía como objetivo expresar su descontento ante la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña aprobado hace dos años en el Parlamento catalán e impugnado por algún partido político de corte "españolista". Esta noticia me impactó una vez más. Los catalanes se sentían por igual españoles y catalanes y entendí que el día de ayer, y sobre todo el de hoy, tendría que suponer para ellos un conflicto de intereses.
He de reconocer que desde que escuché a Laporta, expresidente del Barça, expresar unas intenciones de corte independentista, mi animadversión ante esa insistencia de Cataluña a la independencia ha aumentado mucho.
Las noticias de esta mañana de la radio indicaban que la manifestación había sido un éxito. Las cifras variaban, como suele pasar en este tipo de cosas, desde los cincuenta mil al millón cienmil participantes. Esto me hace ver los intereses que hay detrás y pienso que ya podría haber algo tecnológicamente más avanzado para saber cuanta gente está en un lugar con exactitud para no dar una sensación tan vergonzosa al comparar ambas estimaciones de participantes.
Con esto le estamos dando bases a todas las fuerzas para seguir defendiendo sus reinvindicaciones lo cual me parece que va en detrimento de la mayoría de las personas que vivimos, compartimos, trabajamos y disfrutamos España.
Me gustaría poder trasladarme a Cataluña para preguntarle a algunas de las muchas personas que estuvieron en esa manifestación si ellos se sienten españoles. Si hoy verán el partido de España contra Holanda, y si se alegrarán en caso de que España logre el título. Me imagino que la mayoría de la gente me diría que sí, que se alegrará, porque sus padres eran de Andalucía, de Extremadura o de la Mancha y que él se siente español. Entonces ¿porqué?. No logro entender.
Si realmente ese millón cien mil personas que viven en Cataluña quieren dejar de ser españoles ¿porqué disfrutan porque un equipo catalán gane una copa española de liga? ¿No sería mejor que los catalanes directamente jugasen su propia liga y acostumbrasen a los demás a verlos como independientes en ámbitos menos polémicos como el deportivo? ¿Porqué ese Laporta presenta una cara de hipócrita con una soltura que me da vergüenza ajena?.
Los españoles estamos orgullosos de serlo. No nos avergüenza colocar una bandera en nuestras casas, pero nos fastidia muchísimo que una parte de los nuestros nos rechacen. Y a los andaluces nos joroba mucho más, sobre todo porque sabemos que la mayoría de los habitantes de Cataluña son nuestros primos que emigraron allí cuando las cosas aquí se pusieron difíciles.
Es el momento de hablar de las campañas. Me refiero a esas campañas que nos han llegado a veces por email en contra de los productos catalanes. Reconozco que hasta ahora no me he preocupado de llevar a cabo ese boicot a los productos producidos en las provincias catalanas porque entendía que esas campañas iban encaminadas a fastidiar a los habitantes y estaba convencida de que la mayoría no estaba de acuerdo en la independencia. Hoy pienso distinto y me da mucha rabia. Es cierto que miles de catalanes se han manifestado a favor de que España se fracture y yo, como española solo siento deseos de venganza.
Si realmente el resto de los españoles no nos merecemos tener a los habitantes de Cataluña como paisanos ¿porqué los catalanes se van a ver beneficiados de mi consumo?. No, al menos yo no estoy dispuesta. Además mi radicalismo iría más allá. No solo no voy a consumir productos de Cataluña, sino que voy a hacer campaña para ello y defiendo que la Liga española de futbol rechace a todos aquellos equipos que aboguen por la independencia de Cataluña. ¿Qué no es políticamente correcto? Seguramente, pero yo no soy política. A penas soy una ciudadana española, orgullosa de serlo, que piensa que Cataluña a lo largo de la historia se ha visto beneficiada por el trabajo y la ayuda del resto de España y que ahora, que ese beneficio se ha materializado en una sociedad más avanzada del resto de España entiende que somos unos pobrecitos que le impedimos seguir avanzando y que por ello se quieren sentir nación independiente.
No sé, supongo que en el fondo estoy rabiosa, porque ya me joroba saber que el IVA que se cobra en Cataluña queda solo para los catalanes y sin embargo el que se cobra en el resto de España va para el saco común. Y ahora, con la subida del IVA, esos ingresos serán mayores.
Así que a partir de ahora mis visitas al Supermercado durarán más, pero haré el esfuerzo de mirar las etiquetas para comprar productos de la Mancha, de Castilla, de Andalucía, Canarias, Asturias, Galicia o incluso Francia e Italia y rechazaré todo lo que venga de Cataluña. Si realmente quieren sentirse independientes que lo sean económicamente, que jueguen su propia liga a ver qué tal le sienta al Barcelona de los miles de millones jugar contra el Granollers o el Lleida.
Creo que en el día de hoy, en el que los españoles nos sentimos orgullosos de serlo, deberíamos tomar una decisión común. No nos dejarán hacer una manifestación a favor de España, más allá de las que se relacionan con el futbol, pero hay que aprovechar la ocasión para decirle al mundo, que toda España es una, indivisible y orgullosa. Y si Cataluña no quiere formar parte de este proyecto, debe acatar las consecuencias económicas que suponen ese deseo.
Como sé que esta opinión será rechazada por muchos pido disculpas a quien se sienta ofendido, pero hoy he necesitado expresar mi opinión a este respecto. Espero que España gane y que el sentimiento de unidad y la razón, aniden definitivamente en todo el territorio y que los catalanes también se sientan orgullosos de sentirse españoles

sábado, 10 de julio de 2010

Guadalquivir



La noche no acababa. En una Sevilla desierta un viernes de julio pasear por sus calles se convirtío en un lujo. Poca gente disfrutando de los múltiples veladores aguantó llegada la madrugada. A las dos Sevilla vacía me mostraba sus encantos en una noche plagada de conversaciones y buena compañía. El sonido de mis tacones sonaba como tamboril en el Rocío. Molesto pero evocador de historias.
La Encarnación, cambiada, me traía un recuerdo difuso del pasado a la memoria. Ya solo quedan los grandes árboles respetados que me vieron besar por primera vez. No queda la fuente, ni los bancos en los que nos sentábamos las niñas del Velazquez cuando quedábamos con los niños del San Isidoro a la hora del recreo. Aquello cambió, como todos nosotros hemos cambiado.
La calle Franco, desierta, me evoca la época universitaria. Allí estaba "Una noche en la ópera" y el "Salsaya" aquellos discobares en los que daba para beber, charlar o bailar. Cuántas veces bailé el "Devórame otra vez" de Lalo Rodríguez con personas de múltiples nacionalidades. Era la época en que se empezó a beber ron de caña y en el que la música salsa triunfaba en España. Hoy la calle parecía otra.
Y cuando he visto el Guadalquivir no he resitido sentarme en su orilla. Mis pies, colgando hacia el abismo negro de sus aguas. y Triana al fondo me recordaba las tardes que paseaba junto al río hace mil años. En Chapina, el tapón que el río tenía en el lugar donde está ahora el puente del Cachorro, había un parque donde la pandilla se reunía a veces para charlar durante horas. Y anoche hablé y hablé. Evoqué tanto pasado que mis sueños han estado plagados de recuerdos.
No recordaba esa Sevilla y anoche el paseo fue más que un pasar por las calles, fue una vuelta a mi pasado y a todas las sensaciones que un día ya sentí.

viernes, 9 de julio de 2010

Correteo refrescante

Los niños, entusiasmados ríen cuando las cosquillas y el frescor les envuelve. Los adultos esbozan sonrisas y en sus caras se refleja el placer que supone un baño en plena calle.

Cuando lo he visto no he podido resistirme y he ido, veloz pero contenida, a refrescarme bajo esas aguas. Lo reconozco, aunque me cueste. Ha sido un acierto poner microaspersores en la Alameda de Hércules de Sevilla. A las diez de la noche se marcan 37 grados en el termómetro, y toda la ropa sobra. Pero una vez mojada el aire cálido se siente de otra forma. El sentarse en el velador, bajo el influjo de las microgotas, para tomarse una tapa a esta hora de la noche se convierte en un verdadero placer. He salido y casi me siento extraña. Sin prisas, observando la gente pasar y sintiendo como la noche cae tarde, en esta Sevilla que acabo de redescubrir.

Los cambios

Hoy me he dado cuenta de lo complicado que es hacer que las cosas cambien al ritmo que tú quieres. He decidido poner mi cama en la orientación contraria a la que estaba, y pensé, "eso lo puedo hacer yo sola y en unos minutos". Así que, manos a la obra, desmonto la cama y la giro...Y claro, los enchufes cambian, y la televisión que me ayuda a dormir cuando mi cerebro no deja de cabilar, está justo encima de mi cocorota. Bueno..No será tan difícil. Quita el soporte, mueve la tele y el tdt y oh, no llega el cable de la antena. Bueno..lo empalmo con otro...Asi, cosa tras cosa llevo toda la mañana agujereando techo, moviendo cosas y el cuarto está hecho un auténtico asco. Sí, estoy de vacaciones, pero si difícil es mover un cuarto, cuán difícil será mover toda una vida. Llevo moviendo muebles todos estos meses. Espero que se pueda construir una casa nueva, en mi interior, una vida nueva, en mi exterior, pero si tan complicado es no sé cuándo terminaré de moverlo todo.

jueves, 8 de julio de 2010

Fluye el tiempo

Se tomó la decisión sin pensar. Hay que hacerlo, antes o después y realmente no merece la pena esperar a después. La curiosidad manda. El tiempo pasa y no lo podemos retener con nuestras manos. Lo que no hagamos hoy...se queda sin hacer. El mañana está tan cerca que pasa por nuestro lado hasta convertirse en ayer. Ya pasó el día de hoy y lo que viví fue tan importante que lo recordaré siempre como el día que tomé la decision. Sin pensar, sí, pero con consecuencias...

Juegos infantiles


Hoy volví al presente. Ayer, por un momento sentí que mi casa se llenaba de pasado. Los niños, por grupos jugaban a juegos de mesa según las edades. Dos grupos de cuatro niños llenaban mi salón, y durante media hora fui feliz al ver que los niños, por fin, jugaban a juegos de niños.
Pero hoy todo cambió. Diez niños, apelotonados en el sofá buscaban un espacio para ver la tele...dichosa tele. ¿Puedo jugar a la ds?, ¿me prestas el ordenador???...Uf..al final tuve que rendirme. Bajé la wii del horno de mi casa (mi sobrado), y he elaborado un turno por escrito para evitar problemas. Ahora vuelven a ser felices, ya que consiguieron la máquina, pero al menos he conseguido que se respeten los unos a los otros cediendo un espacio de su tiempo para que jueguen los demás, aunque sea a la dichosa wii.

Cuán diferente era nuestra vida de niños. Nos conformábamos con poco y éramos tantos que si nos juntábamos dos familias daba de sobra para jugar a lo que fuese. El coger, el matar, el pañuelito, al cielo voy, a saltar a la comba, el elástico..., uf...me acabo de acordar de aquella cantinela que debíamos soltar cuando éramos atrapados en el coger.."Salvadme por la Virgen del Carmen...." ya está otra vez mi cerebro haciendo de las suyas.
Me acuerdo de jugar al teje, dibujabamos un diseño de rectángulos en el suelo y arrancábamos (esa era la realidad) un trozo de loseta del suelo para que nos sirviera de piedra. El vivir en el colegio, con todo su espacio, daba para mucho, pero nos privaba de jugar en la calle por lo que el acceso a piedras de verdad era limitado. En cierta medida eso provocó que viviéramos en un micromundo que se reducía a las relaciones con nuestros primos y nos privó de forjar amistades externas.
El matar se me daba muy bien. Aún a riesgo de que esta frase se malinterprete, solía pillar la pelota que me amenazaba y era bastante buena cuando me tocaba darle a alguien del equipo contrario. En el colegio de monjas donde estudié se hacían competiciones de matar lo cual me hace pensar en lo políticamente incorrecto que sería ahora y en lo antipedagógico que es enseñar a los niños a matar, aunque sea un simple juego de pelota...
Sin embargo ya no se juega a la rueda churumbel quien se ría va al cuartel..., ni al Miguel miguel miguel da la vuelta del derecho...miguel miguel da la vuelta del revés..una dos y tréssssss. Esas actividades van camino de la desaparición.
Supongo que parte es culpa nuestra, de los adultos que preferimos estar escribiendo en un blog mientras los niños se entretienen y no nos dedicamos a organizarles actividades. Buscarles una cuerda para que tiren de ambos lados y acaben desparramados por el suelo, saltar a la comba, jugar al escondit o al coger. Seguro que ellos, como nosotros, valorarían esos juegos, por lo que pienso que el problema es que el presente ha privado a los niños de la capacidad de organizar su tiempo y de disfrutar de lo más simple. Quizás son niños por fuera, pero han perdido una parte de su niño interior.