Cuando uno siente que todo se derrumba a su alrededor la sensación amarga que queda no tiene paralelismos que ayuden a describirla.
Solo se me ha ocurrido imaginar que mi corazón es una gran boca que toma aire profundamente para soplar sobre un castillo de arena que fabriqué durante un año y que es más fácil de derrumbar de lo que se pensaba.
Me creí los cimientos, el cemento y los ladrillos...pero era solo arena, y un simple soplido ha conseguido hacer que los granitos de arena se esfumasen y hayan enturbiado mi vista provocando picazón y lágrimas.
Toca revisión de entorno...Muchos cambios tras la debacle...Comenzar desde qué punto...Un paréntesis de un año para volver al mismo punto...mismos kilos, misma historia...mismo dolor.
martes, 3 de julio de 2012
lunes, 2 de julio de 2012
Recopilando emociones
Vivo un momento convulso en mi interior.
Y supongo que no soy la única que está viviendo este proceso en estos días en lo que todo parece transcurrir más rápido de lo normal. Y sin embargo siento que muchos trenes han estado pasando por mi lado y yo no me he enterado de nada, como si fuese trasparente para personas que son muy importantes para mí.
Todo se cocía en el mundo paralelo que fluye en lo exterior. En una sincronía dessincronizada que me lanzaba dardos de entendimiento a la par que me mantenía sorda y ciega.
Y al final surge la luz...para mostrarme más sombras. Y es que sin luz ni siquiera puede haber sombras y todo lo que surgió como mágico y amoroso trata de resbalarse como lodo de una montaña castigada por la tormenta.
Sé que de nada sirve convertirse en murete porque el lodo seguirá vertiéndose en tanto que arrecie la tormenta en los corazones amados. Pero llegará la paz, la calma que siempre surge tras la tormenta. Y habrá destrozos, porque siempre los hay. Pero se puede reconstruir lo más destruído porque la naturaleza siempre nos da los recursos para regenerar.
La Naturaleza tiene ahora el nombre más bonito que se me pueda ocurrir. AMOR. Y no vale ponerle condiciones al amor. Porque si se las ponemos es CONDICIONAL, y ese no cuenta. Y no vale el "me hizo" o me dejó de hacer, el me dijo o me dejó de decir, el yo me siento dolido pero no doy paso a mi verbo para que sane algo que no debería de dejar de ser sano porque en los corazones tenemos muchas tiritas que favorecen la cicatrización.
No quiero ser pasajero que ve pasar trenes donde huyen las ilusiones. Ilusiones compartidas, cargadas de magia y de luz. Proyectos vitales que se entrelazan y que dan frutos de tal belleza que miles de almas vibran al probar la dulzura del mensaje.
No os convirtáis en trenes veloces que no observan todo lo bello que nos ha dejado la parada común en la estación. La estación de luz, de magia, de sueños compartidos y realizados, concretizados y crecientes. Que nadie enturbie el entendimiento de que es el amor lo que debe guiarnos y si bien el perdón es la llave, el orgullo, el duelo y la falta de comunicación son pestillos que cierran unas puertas que nadie quiere cerrar y ni mucho menos que se las cierren. Y si tengo que llamar al cerrajero, lo haré. Igual yo soy ese cerrajero y este escrito es la ganzúa.
Y supongo que no soy la única que está viviendo este proceso en estos días en lo que todo parece transcurrir más rápido de lo normal. Y sin embargo siento que muchos trenes han estado pasando por mi lado y yo no me he enterado de nada, como si fuese trasparente para personas que son muy importantes para mí.
Todo se cocía en el mundo paralelo que fluye en lo exterior. En una sincronía dessincronizada que me lanzaba dardos de entendimiento a la par que me mantenía sorda y ciega.
Y al final surge la luz...para mostrarme más sombras. Y es que sin luz ni siquiera puede haber sombras y todo lo que surgió como mágico y amoroso trata de resbalarse como lodo de una montaña castigada por la tormenta.
Sé que de nada sirve convertirse en murete porque el lodo seguirá vertiéndose en tanto que arrecie la tormenta en los corazones amados. Pero llegará la paz, la calma que siempre surge tras la tormenta. Y habrá destrozos, porque siempre los hay. Pero se puede reconstruir lo más destruído porque la naturaleza siempre nos da los recursos para regenerar.
La Naturaleza tiene ahora el nombre más bonito que se me pueda ocurrir. AMOR. Y no vale ponerle condiciones al amor. Porque si se las ponemos es CONDICIONAL, y ese no cuenta. Y no vale el "me hizo" o me dejó de hacer, el me dijo o me dejó de decir, el yo me siento dolido pero no doy paso a mi verbo para que sane algo que no debería de dejar de ser sano porque en los corazones tenemos muchas tiritas que favorecen la cicatrización.
No quiero ser pasajero que ve pasar trenes donde huyen las ilusiones. Ilusiones compartidas, cargadas de magia y de luz. Proyectos vitales que se entrelazan y que dan frutos de tal belleza que miles de almas vibran al probar la dulzura del mensaje.
No os convirtáis en trenes veloces que no observan todo lo bello que nos ha dejado la parada común en la estación. La estación de luz, de magia, de sueños compartidos y realizados, concretizados y crecientes. Que nadie enturbie el entendimiento de que es el amor lo que debe guiarnos y si bien el perdón es la llave, el orgullo, el duelo y la falta de comunicación son pestillos que cierran unas puertas que nadie quiere cerrar y ni mucho menos que se las cierren. Y si tengo que llamar al cerrajero, lo haré. Igual yo soy ese cerrajero y este escrito es la ganzúa.
lunes, 25 de junio de 2012
Plantando semillas
Dice mi curriculum que soy docente. Y debo de creer que así es puesto que cobro mi salario de la Consejería de Educación.
Vale, Soy docente.
¿Y porqué tengo la impresión de que soy mucho más que eso?...
Según el Diccionario de la Real Academia Española docente proviene del latín: docens, -entis, part. act. de docēre, enseñar.
Sus acepciones actuales se limitan a dos:
Cada mañana firmo la entrada en mi trabajo, como cualquier persona que tenga la suerte de tener un puesto de trabajo en España en estos días. Se supone que tengo un horario establecido que ha de ser cumplido en su integridad y también se supone que debo desarrollar una tarea más o menos planificada.
Sí, digo que se supone.
Pero no es así.
¿Saben cuál es su propósito de vida?. Creo que hasta hace un par de años yo tampoco lo sabía pero una serie de circunstancias personales y laborales me hicieron tomar conciencia de cuáles eran los motivos por los que yo estaba dando clases en ese colegio en particular.
En un principio mi formación académica iba orientada hacia la abogacía. Cuando uno tiene 18 años y le toca decidir qué quiere estudiar, si se ha criado con nueve hermanos que requieren la misma atención, pronto renuncia a sus sueños y se vuelve realista.
Eso me pasó a mí.
Mi padre era abogado y decidí renunciar a estudiar Periodismo o Historia por dos motivos bien diversos. Desistí de lo primero porque todavía no existía esa carrera en mi ciudad, y de la segunda opción porque ya tenía un hermano historiador y con poco futuro en su horizonte laboral.
La vida fue fluyendo, pues, hacia los estudios de Derecho. Pero nunca me gustó. A trancas y barrancas hice esfuerzos descomunales por estudiarme auténticos ladrillos de Derecho Administrativo o Fiscal que nada me aportaban pero que sumaban frustración a mi existencia. La práctica diaria en el despacho de mi padre confirmaba que aquello no era lo mío, ya que implicaba llevar siempre una máscara de hipocresía que me hacía sentir incómoda.
Ya entonces trabajaba en el mismo colegio donde trabajo hoy. Mis labores eran bastante mecánicas, barría, fregaba platos, vigilaba recreos y comedor...para sacarme unos dinerillos que me permitieran hacer frente a mis gastos.
Pero el contacto diario con los niños del colegio, el observarlos crecer y hacerse hombres y mujeres sembró en mí el gusanillo de la docencia.
Y llegó la Eso (Educación Secundaria Obligatoria). Y para entonces el colegio necesitaba licenciados superiores y rauda como gacela me apunté al Cap e hice cuantos cursos necesitaba para habilitarme para dar clases en esa nueva etapa educativa.
Desde entonces mi concepto sobre la docencia ha cambiado mucho, al igual que lo han hecho las distintas generaciones a las que he visto convertirse en hombres y mujeres.
Si bien durante los primeros años todas mis horas iban orientadas a la trasmisión de distintos saberes a mis alumnos, pronto descubrí que de vez en cuando merecía la pena perder una hora de “docencia pura”, para trasmitir a mis chicos y chicas saberes de los “buenos”, de los que te hacen crecer como ser humano.
Tras 13 años desempeñando estas labores, llegó mi crisis personal.
Perdí la visión durante un tiempo y todo mi mundo se volvió del revés. Y comencé a crecer interiormente, a creer en mí y a ser consciente...
La situación laboral iba a la par de la crisis personal y en un momento dado de mi vida entendí que lo que estaba dentro, se reflejaba fuera y que las cosas debían cambiar para dejar de tocar el infierno.
Y mis chicos aparecieron como balsas a las que agarrarme. Fui consciente de que muchas de aquellas semillas que planté hace años estaban ahí para sostenerme cuando sentía que todo se derrumbaba.
Muchas de aquellas semillas que lancé a tierras sobre las que nadie pensaba que saldría fruto, se habían convertido en seres maravillosos que me mostraban que mi sitio y mi labor eran esos: ayudar a otros seres humanos que la vida ponía en mi camino a convertirse en adultos llenos de valores, preparados para ayudar, a su vez, a otras personas y ampliar así la cadena de amor que hace tanto se inició.
En los dos últimos años, desde que soy consciente, mi vida se ha orientado más que nunca a esa labor tan bonita que se me encomendó. Lo que yo consideré en su momento un castigo laboral se ha convertido, a la larga, en el mayor regalo que me pudieron hacer, ya que con mi supuesta separación de la docencia (la que implicaba impartir horas y horas de materias diversas) se me acercó, justamente, a los chicos y a las chicas que más me necesitaban.
Y aquí ando, feliz, sembrando semillas que sé que darán como fruto a hombres y mujeres excepcionales que nos enseñarán que entre todos se puede hacer un mundo mejor. Y no importa tanto si se aprende o no la fecha de tal o cual acontecimiento, porque el mensaje importante es que deben quererse más a sí mismos para poder amar más a los demás y convertirse, a su vez, en buenos plantadores de semillas.
Vale, Soy docente.
¿Y porqué tengo la impresión de que soy mucho más que eso?...
Según el Diccionario de la Real Academia Española docente proviene del latín: docens, -entis, part. act. de docēre, enseñar.
Sus acepciones actuales se limitan a dos:
1. adj. Que enseña.
2. adj. Perteneciente o relativo a la enseñanza.
Y es ahí donde yo pienso que este adjetivo limita mucho mi labor en el desempeño diario de mi actividad laboral.Cada mañana firmo la entrada en mi trabajo, como cualquier persona que tenga la suerte de tener un puesto de trabajo en España en estos días. Se supone que tengo un horario establecido que ha de ser cumplido en su integridad y también se supone que debo desarrollar una tarea más o menos planificada.
Sí, digo que se supone.
Pero no es así.
¿Saben cuál es su propósito de vida?. Creo que hasta hace un par de años yo tampoco lo sabía pero una serie de circunstancias personales y laborales me hicieron tomar conciencia de cuáles eran los motivos por los que yo estaba dando clases en ese colegio en particular.
En un principio mi formación académica iba orientada hacia la abogacía. Cuando uno tiene 18 años y le toca decidir qué quiere estudiar, si se ha criado con nueve hermanos que requieren la misma atención, pronto renuncia a sus sueños y se vuelve realista.
Eso me pasó a mí.
Mi padre era abogado y decidí renunciar a estudiar Periodismo o Historia por dos motivos bien diversos. Desistí de lo primero porque todavía no existía esa carrera en mi ciudad, y de la segunda opción porque ya tenía un hermano historiador y con poco futuro en su horizonte laboral.
La vida fue fluyendo, pues, hacia los estudios de Derecho. Pero nunca me gustó. A trancas y barrancas hice esfuerzos descomunales por estudiarme auténticos ladrillos de Derecho Administrativo o Fiscal que nada me aportaban pero que sumaban frustración a mi existencia. La práctica diaria en el despacho de mi padre confirmaba que aquello no era lo mío, ya que implicaba llevar siempre una máscara de hipocresía que me hacía sentir incómoda.
Ya entonces trabajaba en el mismo colegio donde trabajo hoy. Mis labores eran bastante mecánicas, barría, fregaba platos, vigilaba recreos y comedor...para sacarme unos dinerillos que me permitieran hacer frente a mis gastos.
Pero el contacto diario con los niños del colegio, el observarlos crecer y hacerse hombres y mujeres sembró en mí el gusanillo de la docencia.
Y llegó la Eso (Educación Secundaria Obligatoria). Y para entonces el colegio necesitaba licenciados superiores y rauda como gacela me apunté al Cap e hice cuantos cursos necesitaba para habilitarme para dar clases en esa nueva etapa educativa.
Desde entonces mi concepto sobre la docencia ha cambiado mucho, al igual que lo han hecho las distintas generaciones a las que he visto convertirse en hombres y mujeres.
Si bien durante los primeros años todas mis horas iban orientadas a la trasmisión de distintos saberes a mis alumnos, pronto descubrí que de vez en cuando merecía la pena perder una hora de “docencia pura”, para trasmitir a mis chicos y chicas saberes de los “buenos”, de los que te hacen crecer como ser humano.
Tras 13 años desempeñando estas labores, llegó mi crisis personal.
Perdí la visión durante un tiempo y todo mi mundo se volvió del revés. Y comencé a crecer interiormente, a creer en mí y a ser consciente...
La situación laboral iba a la par de la crisis personal y en un momento dado de mi vida entendí que lo que estaba dentro, se reflejaba fuera y que las cosas debían cambiar para dejar de tocar el infierno.
Y mis chicos aparecieron como balsas a las que agarrarme. Fui consciente de que muchas de aquellas semillas que planté hace años estaban ahí para sostenerme cuando sentía que todo se derrumbaba.
Muchas de aquellas semillas que lancé a tierras sobre las que nadie pensaba que saldría fruto, se habían convertido en seres maravillosos que me mostraban que mi sitio y mi labor eran esos: ayudar a otros seres humanos que la vida ponía en mi camino a convertirse en adultos llenos de valores, preparados para ayudar, a su vez, a otras personas y ampliar así la cadena de amor que hace tanto se inició.
En los dos últimos años, desde que soy consciente, mi vida se ha orientado más que nunca a esa labor tan bonita que se me encomendó. Lo que yo consideré en su momento un castigo laboral se ha convertido, a la larga, en el mayor regalo que me pudieron hacer, ya que con mi supuesta separación de la docencia (la que implicaba impartir horas y horas de materias diversas) se me acercó, justamente, a los chicos y a las chicas que más me necesitaban.
Y aquí ando, feliz, sembrando semillas que sé que darán como fruto a hombres y mujeres excepcionales que nos enseñarán que entre todos se puede hacer un mundo mejor. Y no importa tanto si se aprende o no la fecha de tal o cual acontecimiento, porque el mensaje importante es que deben quererse más a sí mismos para poder amar más a los demás y convertirse, a su vez, en buenos plantadores de semillas.
sábado, 2 de junio de 2012
Amar a alguien versus tener a alguien
Desde que ayer recibí un comentario en mi entrada anterior he estado pensando en quién y porqué se ha tomado la molestia de rematar mi escrito con una frase tan particular.
Y esta mañana, durante una meditación me han venido a la cabeza, supongo que desde el disco duro, dos ideas. Una...el título de la entrada. Otra...una idea que trataré de desarrollar a lo largo de este escrito, si es que las musas me quieren acompañar.
¿Qué es amar a alguien?. A veces nos creemos que amar a alguien es tener a alguien. Tener: posesión, material, físico, control. Tan lejos de la realidad interior que me cuesta mucho encajar esa idea junto al concepto de amor de verdad.
Yo pienso que amar de verdad es como hipotecar parte de tu corazón para adquirir una parcela en la luna. Pagarás por ese pedazo del astro nocturno durante toda tu vida pero nunca llegarás a ocuparla porque está fuera de tu alcance. La podrás observar algunas veces al mes en toda su plenitud, y pensarás, parte es mía, pero nunca podrás sentir el roce de su corteza en la planta de tus pies.
El amor de verdad no pone condiciones, ni tiene barreras, de ningún tipo. No implica ni contacto físico, y a veces ni siquiera amistad. Es adimensional y puede perdurar no solo durante esta vida sino durante varias vidas. Es irracional y al mismo tiempo forma parte del aire que, inconscientemente, penetra en los pulmones con cada bocanada que inspiramos miles de veces al día.
Ama el pájaro su libertad que vislumbra a través de las rejas de su jaula. Y es un amor completo hacia su reunión final con la naturaleza porque forma parte de ella. Si le abren la jaula seguirá dentro de la misma porque el amor, aun siendo la vibración más potente que existe, capaz de mover montañas, es el gran desconocido y el miedo es inmovilizante.
Lo triste en pensar que se ama porque así lo ha establecido la sociedad. No es amor tener a alguien a tu lado porque socialmente conviene ser visto o vista con una pareja. Fundamentar la existencia en esos convencionalismos solo trae la infelicidad y la insatisfacción. Y siempre llega el día en que nos encontramos con nosotros mismos, porque no siempre podemos huir de quien somos. Y nos sentimos chocados, angustiados, deprimidos al constatar que ni hemos amado de verdad y tampoco hemos sido el aire para respirar de quien creíamos nuestro amor. Ja, nuestro amor. Como si firmar un papel garantizase que ese amor será para siempre.
Las flores se deben regar para que no mueran, siempre. No vale regarlas una vez cada tanto tiempo para que sobrevivan...porque pueden pasar dos cosas...Que la flor aguante hasta ser libada por el insecto que deje su semilla en otro cáliz, o simplemente que se muera.
Y eso pasa todos los días, a cada instante flores mueren por falta de atención ((Paulo... es una metáfora..-no me empieces a decir que coja la manguera que ya sabes que soy muy penca con el campo...jejejej...disculpen el inciso familiar, pero lo conozco...))
Por eso si tenemos la suerte de haber encontrado un amor, aunque la rutina nos separe de reconocerlo, debemos hacer una parada y empezar a fijarnos a nuestro alrededor. Es una realidad y una pena darse cuenta de que hemos tenido cerca a una persona muy especial pero no la hemos valorado. Y muchas veces nos damos cuenta cuando ya lo hemos perdido irremediablemente. La falta de comunicación, la ausencia del contacto físico, el no mirar nunca a los ojos, en fin, el desamor, matan al amor...a ese amor social, claro...
Del otro, al que nos hemos ligado con la firma de la hipoteca lunar...de ese...creo yo que no nos libra nadie.
jueves, 31 de mayo de 2012
Poniendo orden a mi cabeza
Vayamos por orden...todas a la vez no podéis ser plasmadas en un escrito, ni siquiera en dos y puede que hagan falta tres o más para poder darle cabida a todas vosotras. Es cierto que llevo mucho apartada del teclado aunque vosotras hayáis seguido formándoos en mi cabeza como huevos de gallina que, generosas, regaláis cada mañana para ser recogidos. Pero yo me he olvidado de retiraros puntualmente cada amanecer y ahora, por docenas, os acumuláis en mi cabeza pugnando por ser consumidas en un orden que no consigo restablecer.
Pero como por todo hay que empezar procuraré ser lo más consecuente posible y comenzaré por la idea más fresca que tengo en la cabeza, ya que es absurdo dejar que lo más fresco deje de serlo conservándolo hasta que todo sea antiguo o se acerque, incluso, a la caducidad...
Y lo más reciente es hablar del amor incondicional...
Será que últimamente estoy sintiendo una transformación muy profunda en torno a mi corazón y voy sintiendo la necesidad de expandir el amor que siento de una manera completamente altruista, sin pretender obtener nada de nadie a cambio de sentir brotar esa sensación maravillosa desde el centro de mi pecho.
Ese amor que se va despojando de los miedos innatos y adquiridos como si su fuerza fuese tan irreductible que ninguna otra energía pudiera ocupar su lugar allá donde se vaya implantando.
Y ese amor lo siento de muchas maneras y hacia muchas personas. Desde unos ojos que me miraban como si la vida dejase de tener sentido sin mi presencia, hasta los más inocentes que vislumbro en las caras de los niños que me rodean a diario.
El amor incondicional implica muchas realidades, como la renuncia a vivirlo si las circunstancias externas te impiden desarrollarlo. Y esas circunstancias van desde la falta de comunicación por barreras impuestas por la rutina, hasta la lejanía física o anímica (de ánima/alma).
Voy entendiendo que el amor incondicional a veces viene dado desde el dolor, la ruptura, hasta incluso desde el desprecio o la distancia. Puedes pensar que desprecias a alguien por el dolor que te ha infringido y que eso ha provocado tu desamor hacia esa persona. Pero ese dolor, si permanece, implica un cierto cariño al que te cuesta renunciar. Y es por ello que hay que recurrir al perdón para que el dolor no te inmovilice o se traduzca en sentimientos de odio que tan malas vibraciones entraña.
Pero lo más terrible y angustiante es ser consciente de que tú has aportado mucho al desamor de otras personas y que por mucho que ahora quiera dejarme llevar por el amor incondicional por todos, incluidos los que me hirieron, no hay nada que yo pueda hacer para transformar la realidad que me circunda, brotes y retoños de las semillas que planté.
El ser consciente, estar despierta hacia el interior, y sentirme acompañada por energías vivas y plenas de amor, hacen que hoy, en este presente continuo que vivimos, me sienta maravillosamente feliz y opte cada amanecer por seguir siéndolo. Solo por hoy. Porque como el emperador Meiji estableció si cada mañana y cada tarde nos repetimos sus cinco principios seremos mucho más felices. Solo por hoy: seré agradecido, no me preocuparé, trabajaré honradamente, no me enojaré y seré amable con los demás, en definitiva. Solo por hoy me amaré a mí mismo desde el corazón regalándome la paz y el bienestar. Y como la paz brotará de mí, eso se reflejará en mi exterior y conseguiré que todo cambie porque también se dice que lo que es adentro es afuera...
martes, 24 de abril de 2012
Los dos mundos

¿Cuántas veces, desde que escribo este blog, habrán pasado por mi cabeza ideas relativas a la dualidad en que vivimos todo los seres humanos?. He intentado tratar ese tema varias veces pero nunca sé muy bien como orientar el comienzo de la entrada para llegar al centro de mi disertación interior.
Y es por ahí por donde va el tema en cuestión. Yo ¿quién soy?. ¿Soy esa Irene que la gente conoce, esa que se preocupa por estar más o menos gorda, o por conservar una sonrisa en mi cara aunque todo me vaya mal o soy la otra? ¿Quién es la otra?. Supongo que la otra soy YO, la verdadera, la que solo conoce mi propio interior. Esa Irene que discute, que llora interiormente, que anhela, que sueña y no consigue cumplir sus sueños.
Y ¿cuál de las dos Irenes es la auténtica?. Yo digo que la verdadera es la de dentro y entonces ¿porqué me oculto?. Muchas veces me sorprenden mis amigos cuando me dan una visión de mí misma que me resulta extraña. Incluso cuando leo cosas que escribí hace muchos años y que conservo en folios amarilleados por el paso del tiempo, me analizo y me pregunto si yo era aquella mujer que esas líneas reflejan o soy solo, y exclusivamente, la Irene que habita dentro ahora, en este mismo instante.
Porque si algo me ha enseñado la vida es que solo existe el presente, como regalo, como realidad, solo el hoy, el estar sentada frente a mi ordenador un martes de feria casi de madrugada porque mi cabeza necesita vaciarse.
Y entonces me digo a mí misma: "Irene, es hora de conocerse y de verbalizar ese conocimiento". Hacerlo no es tan difícil, o al menos eso cuentan.
El cómo también lo sé, pero me resulta difícil llevarlo a cabo porque me requiere desconectarme de lo externo, del mátrix donde vivimos, para mirar hacia adentro, al lugar donde verdaderamente habito. ¿Meditando?. Tan fácil de decir y tan complicado de hacer.
Meditar, apagar la mente, buscarse dentro, conectar con el alma, indagar en nuestro "disco duro" para saber quienes somos verdaderamente. Muy, pero que muy complicado.
No hace mucho comentaba que había "permiso para hablar" pero creo que todavía nos invade un miedo a que nos tomen por "locos". No me caracterizo mucho por ocultar las cosas "extraordinarias" que me suceden a veces. Acontecimientos realmente maravillosos que surgen durante una meditación y que me hacen ver quién soy yo ancestralmente. Se lo cuento a quien sé que no me tomará por loca pero hay veces en que yo misma llego a cuestionar mi cordura cuando defiendo lo que he visto con suma claridad, pero que se sale de todos los cánones de racionalidad que rigen nuestra vida en este holograma.
Y es una vuelta a empezar. No hablar es ocultar. No hablar es no comunicar. No hablar es no evolucionar.
Muchas veces me he preguntado cuál sería mi plan de vida, ese que me trajo a esta existencia para mi propia evolución. He creído saberlo en algunos momentos en los que he percibido que soy mucho más que yo misma en este presente. Soy tantas vivencias pasadas que llegan como recuerdos oníricos o adquiridos con la meditación...Pero la realidad, mi realidad, como un lingote de plomo cae sobre mí y me dice que por ahí no voy a llegar a nada. Que lo que tenga que ser será, pero supongo que tengo que dar mis pasos, aunque es casi seguro que tropezaré varias veces antes de tomar el rumbo perfecto.
En fin. Una vez más comienzo mi disertación y no llego a ningún punto. Al menos hoy me he atrevido a mover el pie hacia el interior y espero que este camino sea fructífero y consiga llegar a alguna meta. Me voy a trabajar. Besos y buen martes...
viernes, 20 de abril de 2012
Algún día escribiré un relato que podría comenzar así
Sentada en un ciber de Valencia repasaba el último año de su vida. Sus sentimientos la habían cambiado profundamente y el despertar la había llevado a la convicción de que la vida ya no iba a ser la misma que antes.
Abrió el Google Docs para empezar a escribir y un torrente de lágrimas desbarató el maquillaje de sus ojos en hilos negros que ensuciaban sus mejillas rosadas del sol de la playa.
Colocó sus dedos sobre un teclado amarillento y dejó que su mente los guiases en una sucesión de movimientos que poco a poco daban forma a un texto donde iban desgranándose sus pensamientos.
Abrió el Google Docs para empezar a escribir y un torrente de lágrimas desbarató el maquillaje de sus ojos en hilos negros que ensuciaban sus mejillas rosadas del sol de la playa.
Colocó sus dedos sobre un teclado amarillento y dejó que su mente los guiases en una sucesión de movimientos que poco a poco daban forma a un texto donde iban desgranándose sus pensamientos.
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