Esta noche he soñado conmigo. No sé muy bien cómo he podido verme a mí misma como si de una película se tratara pero lo que sí sé (porque los sueños son extraños pero uno tiene la certeza de aquello que visualiza) es que aquella persona que en mi sueño bailaba y se mostraba muy feliz era yo.
No sé si las imágenes que aparecían en la peli de mi sueño correspondían a muchos años atrás en mi existencia actual, o siquiera si correspondían a mis deseos más ocultos, pero el caso es que en el mismo sueño fui consciente de muchas cosas de mi realidad actual.
Me di cuenta de que en los últimos meses me he ido olvidando de mí misma por muchos motivos que no alcanzo a comprender. Antepuse una realidad que no me comportaba felicidad por tratar de mantenerme correcta en muchos aspectos pero mal conmigo misma.
Abrir mi vida a quien tanto me hizo sufrir en el pasado basándome en recuerdos ancestrales quizás no fue la decisión más aceptable pero una sensación profunda de un afecto paterno-filial me llevó a una responsabilidad que, en verdad, solo estaba en mi cabeza.
Hace solo unos días un hecho, aislado sí, pero al fin y al cabo real, me hizo recordar lo peor de mis recuerdos y algo se ha despertado en mí.
Esta noche, visualizar a la otra Irene, feliz, delgada, jovial y satisfecha, me ha hecho comprender que ya estaba inmersa, de nuevo, en la otra cara del espejo, esa parte de la que tanto me costó salir hace dos años y en la que me fui metiendo otra vez sin darme cuenta.
Es verdad que desde la soledad se ven las cosas de otra manera. Te sientes incapaz de muchas cosas porque todo se hace grande, y una parte de ti piensa que necesitas a otra persona, aunque sea la menos adecuada para ti, que te ayude en las tareas cotidianas. Y poco a poco ese pensamiento va trastocando tus ideas iniciales de vivir tu vida y tratar de educar a tus hijos de la mejor manera posible.
Y te das cuenta, mirando atrás, que todo lo que hiciste cuando estabas sola se echó a perder al retranquear en tu decisión por una pena o una responsabilidad que, en realidad, no te correspondía.
Me he dado cuenta de que he ejercido de madre de quien no lo soy, a cambio de muy poco, como suelen hacer las madres, y que eso me ha ido alejando de mí misma, de todos los proyectos de felicidad que alguna vez se formaron en mi cabeza, al brotar de mi corazón.
Le cerré, otra vez, las puertas al amor, quizás porque el amor no llegó contundente y firme, como yo deseaba, durante el tiempo que tuve para darle una oportunidad.
Quizás no fui consciente de que el amor llega cuando menos te lo esperas, y que si las circunstancias de tu vida no son las adecuadas, o no hay mucha voluntad por vivirlo, o es mejor dejarlo pasar, pero no mantenerse junto a alguien porque es lo correcto, sin siquiera sentir que esa persona te quiere.
Bueno. Hoy decidí que no podía permitir que esta Irene siguiera un día más conmigo. El espejo de mi sueño me ha mostrado una imagen de mí que se me estaba olvidando. El espejo de mi baño me ha dicho que esa no soy yo, otra vez gorda, otra vez dejada, otra vez triste.
Así que me he levantado y he empezado a planear qué voy a hacer a partir de hoy.
Y es reencontrarme. Volver a ser la Irene alegre que era, sin dejar que las circunstancias externas me afecten hasta el punto de creerme que no soy quien sí soy. Y soy valiosa, y soy hermosa y tengo voluntad, y sé que debajo de esa capa que trataba de ocultarme otra vez, volveré a sentirme bien haciéndome fotos, que, para mí es la expresión máxima de que estoy bien conmigo misma. Lo otro, ocultarme detrás de la cámara, es reflejo, una vez más, de mi huida.
Así. que a todos mis amigos les pido su apoyo, el que aquí no voy a encontrar, para no decaer en el empeño de volver a ser la Irene que se ama a sí misma. Soltando lastres, como siempre.
lunes, 9 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
Las dos caras de una misma
En estos días en los que se supone que tengo más tiempo libre estoy llegando a un estado de confusión interior que no comprendo.
Desde que empecé las vacaciones me propuse poner en orden lo que me rodeaba y pronto comprendí que antes que nada debía poner en orden mi interior. Una vez más la frase "lo que es adentro está afuera" apareció para indicarme que si verdaderamente quería poner algo de mi casa y de mi mundo en orden, antes debía organizar esa marabunta de ideas que siempre pugnan en mi cabeza por hacerse un hueco.
Así que decidí escribir.
Hace tiempo que muchos de mis amigos y seguidores del blog me dicen que trate de escribir algo con más entidad y partiendo de una entrada que coloqué aquí hace unos meses comencé a escribir un esbozo de novela.
Al hacerlo, bueno, al intentar hacerlo, me he dado cuenta de que si bien mucho tiene que ver conmigo, hay una parte importante de lo que he escrito hasta ahora que conjuga imaginación, con sueños, con recuerdos...
No sé ni a dónde voy a llegar con esas páginas, y si algún día verán la luz más allá de mi ordenador, pero el caso es que, desengranando mis pensamientos llego a la conclusión de que no consigo terminar de conocerme.
Hace una semana andaba enfrascada en las charlas de Enric Corberá sobre biodescodificación, todo el día con el mp3 de alguna de esas conferencias que ampliaban mi perspectiva personal. Y he llegado a algunas conclusiones, una vez más, pero no sé arrancar de mi interior, toda una programación que me lleva al desorden, a la sinrazón, a los vaivenes continuos...que me hacen cuestionármelo todo.
En fin. Una parada en el arreglo de mi cuarto, con el que nunca termino...para echarme en la cama y escribir un rato algo que me haga olvidar que está pasando por mi urbanización el heladero, y que no debo sucumbir a la linda sintonía de su camión...Pero me apetece tanto un heladito de chocolate...Bendito vicio...noooo...horrible dependencia...¿Dónde está la cinturita que lucía el verano pasado?...Este año castigada sin vacaciones fuera de casa porque no te queda ropa para vestir...Decidí tirar la de gorda...para no volver a serlo...A ver cómo peleo yo ahora con mi otro yo para volver a una rutina...Confusión...
¿Veis?...si es que ando bordeando la autopelea...Mejor vuelvo a mi novelita y escribo un párrafo de oscuras pasiones, que las ganas de dulce se parecen mucho al deseo del amado por besar a la amada tras muchos meses sin verse...irresistible. Feliz día de San Fermín...
Desde que empecé las vacaciones me propuse poner en orden lo que me rodeaba y pronto comprendí que antes que nada debía poner en orden mi interior. Una vez más la frase "lo que es adentro está afuera" apareció para indicarme que si verdaderamente quería poner algo de mi casa y de mi mundo en orden, antes debía organizar esa marabunta de ideas que siempre pugnan en mi cabeza por hacerse un hueco.
Así que decidí escribir.
Hace tiempo que muchos de mis amigos y seguidores del blog me dicen que trate de escribir algo con más entidad y partiendo de una entrada que coloqué aquí hace unos meses comencé a escribir un esbozo de novela.
Al hacerlo, bueno, al intentar hacerlo, me he dado cuenta de que si bien mucho tiene que ver conmigo, hay una parte importante de lo que he escrito hasta ahora que conjuga imaginación, con sueños, con recuerdos...
No sé ni a dónde voy a llegar con esas páginas, y si algún día verán la luz más allá de mi ordenador, pero el caso es que, desengranando mis pensamientos llego a la conclusión de que no consigo terminar de conocerme.
Hace una semana andaba enfrascada en las charlas de Enric Corberá sobre biodescodificación, todo el día con el mp3 de alguna de esas conferencias que ampliaban mi perspectiva personal. Y he llegado a algunas conclusiones, una vez más, pero no sé arrancar de mi interior, toda una programación que me lleva al desorden, a la sinrazón, a los vaivenes continuos...que me hacen cuestionármelo todo.
En fin. Una parada en el arreglo de mi cuarto, con el que nunca termino...para echarme en la cama y escribir un rato algo que me haga olvidar que está pasando por mi urbanización el heladero, y que no debo sucumbir a la linda sintonía de su camión...Pero me apetece tanto un heladito de chocolate...Bendito vicio...noooo...horrible dependencia...¿Dónde está la cinturita que lucía el verano pasado?...Este año castigada sin vacaciones fuera de casa porque no te queda ropa para vestir...Decidí tirar la de gorda...para no volver a serlo...A ver cómo peleo yo ahora con mi otro yo para volver a una rutina...Confusión...
¿Veis?...si es que ando bordeando la autopelea...Mejor vuelvo a mi novelita y escribo un párrafo de oscuras pasiones, que las ganas de dulce se parecen mucho al deseo del amado por besar a la amada tras muchos meses sin verse...irresistible. Feliz día de San Fermín...
miércoles, 4 de julio de 2012
Viaje a ninguna parte
Es raro en mí que a estas alturas del año todavía no tenga organizada las vacaciones. De hecho ya estoy inmersa en mi periodo de descanso y aquí sigo, inmóvil, sin pensar siquiera a dónde me van a llevar mis pasos durante los próximos 50 días.
Y es que este año soy muy diferente a la Irene del año pasado. Ni mejor ni peor, pero sí diferente.
Es cierto que en los últimos meses hay una parte oscura de mí que ha conseguido ganarle la batalla a mi físico, y la Irene que hoy me refleja el espejo no se parece en nada a la que posaba, orgullosa de su aspecto físico en los inicios del verano de 2011.
No sé en qué momento de este año se volvió a transmutar el chip que me mantenía fiel a una filosofía de vida con respecto a mi fisico. En un momento dado me flexibilicé y dejé de preocuparme de la dieta Dukan y de su filosofía. No tengo nada que recriminarle a esta dieta, solo y exclusivamente a mí misma. Sé en mi interior que si hubiese seguido con las pautas que estaban escritas los kilos no habrían vuelto a mis caderas y a mis muslos, pero me cansé de cocinar.
Así que por un motivo o por otro el descenso a los infiernos se consumó.
Evidentemente no soy la Irene que empezó la dieta con ciento y pico kilos hace ya mucho tiempo, pero tampoco la que tenía setenta y pocos el año pasado. Soy la mitad de ambas Irenes y eso me hace pensar
En otro orden de cosas debo pensar qué se ha cocido en mi interior en los últimos meses para que este descenso a los infiernos de la obesidad se haya consumado. Soy más fuerte interiormente para muchas cosas y supongo que por eso no me siento verdaderamente afectada porque los pantalones se me ajusten groseramente al trasero. Sé que soy valiosa, que hay algo en mí por brotar todavía y que el día que lo haga resurgiré, una vez más, como Ave Fenix.
Entre tanto ando divagando por muchas cosas sin finalizar ninguna.
No organizo ningún viaje porque creo que este año tocaba un viaje hacia mi interior. Entiendo que debo acabar de conocer a esta Irene pendular que va y viene cíclicamente sacándome de mis casillas.
Ese viaje va acompañado de una suelta de lastres real. Quiero desalojar todo lo que no me sirve. Tengo que poner en orden mi interior para que el orden llegue a mi casa.
Y entre tanto todo sigue patas arriba. Cada día me siento frente al ordenador para vivir experiencias nuevas que me hagan crecer. Disfruto de los relatos que me llegan, de las pequeñas frases, profundas, que mis amigos van dejando en sus muros del facebook, para que aporten un tramo más a mi camino. Horas y horas para decidir que debería plantearme escribir en serio...y entre tanto...como dice el dicho popular..la casa sin barrer...y sin recoger, y sin ordenar...y no es sentido figurado...
Últimamente, y por recomendación de una amiga, entré en contacto con la biodescodificación que explica maravillosamente Enric Corberá. Sus conferencias, que se pueden descargar en mp3 desde la red o visualizarse en youtube, me han acompañado estos días en la puesta en orden de muchas cosas. Me ha hecho comprender muchas cosas que no soy capaz de resumir ahora, pero que me muestran que llegando a ser consciente de los programas que tenemos adosados a nuestro adn y que no son nuestros, podemos llegar a descodificarnos y volver a ser discos duros libres de virus ajenos.
Y es eso lo que yo quisiera. Soy bastante consciente (pero no de consciencia) de que en mí hay una dualidad. Una sombra que se arrima a la luz, con la intención de ser, y que se debate continuamente con mi Yo interior. Esa sombra, aún formando parte de mí, no soy Yo en mi integridad y me hace desesperarme al no reconocerla.
Me pregunto si ese otro Yo que no es Yo forma parte de esos programas heredados o simplemente debo aceptarlo como parte de mi auténtico ser. Yo me decanto más por la primera opción, porque no es posible que tanta dualidad coexista dentro de mi sin consecuencias.
Así que llego al título de esta entrada. He iniciado un viaje a ninguna parte, ni física ni figurada.
Este año no sueño con volver a ver las montañas verdes de Cantabria, o la lluvia fina de Galicia. Siento cierto corte por volver a Pinilla para ver a mis amigos porque ellos sí van a notar que no soy esa Irene que fui. Tampoco me aterroriza que me juzguen porque en mi pueblo hay gente maravillosa a la que adoro y que me va a querer sea como sea. Pero es algo interior, ni más ni menos.
Tampoco me ilusiona este año volver a Portugal. Ni para ver a nadie ni para disfrutar de sus paisajes. Creo que debo sufrir una catarsis que me haga ver, una vez más, con otros ojos.
Aún me quedan unos días ligada a Sevilla para decidir qué hacer.
Durante los mismos espero profundizar tanto en mi interior que pronto sepa qué hacer y allá a donde llegue, seguro que es el lugar más adecuado para mi. Felices vacaciones.
Y es que este año soy muy diferente a la Irene del año pasado. Ni mejor ni peor, pero sí diferente.
Es cierto que en los últimos meses hay una parte oscura de mí que ha conseguido ganarle la batalla a mi físico, y la Irene que hoy me refleja el espejo no se parece en nada a la que posaba, orgullosa de su aspecto físico en los inicios del verano de 2011.
No sé en qué momento de este año se volvió a transmutar el chip que me mantenía fiel a una filosofía de vida con respecto a mi fisico. En un momento dado me flexibilicé y dejé de preocuparme de la dieta Dukan y de su filosofía. No tengo nada que recriminarle a esta dieta, solo y exclusivamente a mí misma. Sé en mi interior que si hubiese seguido con las pautas que estaban escritas los kilos no habrían vuelto a mis caderas y a mis muslos, pero me cansé de cocinar.
Así que por un motivo o por otro el descenso a los infiernos se consumó.
Evidentemente no soy la Irene que empezó la dieta con ciento y pico kilos hace ya mucho tiempo, pero tampoco la que tenía setenta y pocos el año pasado. Soy la mitad de ambas Irenes y eso me hace pensar
En otro orden de cosas debo pensar qué se ha cocido en mi interior en los últimos meses para que este descenso a los infiernos de la obesidad se haya consumado. Soy más fuerte interiormente para muchas cosas y supongo que por eso no me siento verdaderamente afectada porque los pantalones se me ajusten groseramente al trasero. Sé que soy valiosa, que hay algo en mí por brotar todavía y que el día que lo haga resurgiré, una vez más, como Ave Fenix.
Entre tanto ando divagando por muchas cosas sin finalizar ninguna.
No organizo ningún viaje porque creo que este año tocaba un viaje hacia mi interior. Entiendo que debo acabar de conocer a esta Irene pendular que va y viene cíclicamente sacándome de mis casillas.
Ese viaje va acompañado de una suelta de lastres real. Quiero desalojar todo lo que no me sirve. Tengo que poner en orden mi interior para que el orden llegue a mi casa.
Y entre tanto todo sigue patas arriba. Cada día me siento frente al ordenador para vivir experiencias nuevas que me hagan crecer. Disfruto de los relatos que me llegan, de las pequeñas frases, profundas, que mis amigos van dejando en sus muros del facebook, para que aporten un tramo más a mi camino. Horas y horas para decidir que debería plantearme escribir en serio...y entre tanto...como dice el dicho popular..la casa sin barrer...y sin recoger, y sin ordenar...y no es sentido figurado...
Últimamente, y por recomendación de una amiga, entré en contacto con la biodescodificación que explica maravillosamente Enric Corberá. Sus conferencias, que se pueden descargar en mp3 desde la red o visualizarse en youtube, me han acompañado estos días en la puesta en orden de muchas cosas. Me ha hecho comprender muchas cosas que no soy capaz de resumir ahora, pero que me muestran que llegando a ser consciente de los programas que tenemos adosados a nuestro adn y que no son nuestros, podemos llegar a descodificarnos y volver a ser discos duros libres de virus ajenos.
Y es eso lo que yo quisiera. Soy bastante consciente (pero no de consciencia) de que en mí hay una dualidad. Una sombra que se arrima a la luz, con la intención de ser, y que se debate continuamente con mi Yo interior. Esa sombra, aún formando parte de mí, no soy Yo en mi integridad y me hace desesperarme al no reconocerla.
Me pregunto si ese otro Yo que no es Yo forma parte de esos programas heredados o simplemente debo aceptarlo como parte de mi auténtico ser. Yo me decanto más por la primera opción, porque no es posible que tanta dualidad coexista dentro de mi sin consecuencias.
Así que llego al título de esta entrada. He iniciado un viaje a ninguna parte, ni física ni figurada.
Este año no sueño con volver a ver las montañas verdes de Cantabria, o la lluvia fina de Galicia. Siento cierto corte por volver a Pinilla para ver a mis amigos porque ellos sí van a notar que no soy esa Irene que fui. Tampoco me aterroriza que me juzguen porque en mi pueblo hay gente maravillosa a la que adoro y que me va a querer sea como sea. Pero es algo interior, ni más ni menos.
Tampoco me ilusiona este año volver a Portugal. Ni para ver a nadie ni para disfrutar de sus paisajes. Creo que debo sufrir una catarsis que me haga ver, una vez más, con otros ojos.
Aún me quedan unos días ligada a Sevilla para decidir qué hacer.
Durante los mismos espero profundizar tanto en mi interior que pronto sepa qué hacer y allá a donde llegue, seguro que es el lugar más adecuado para mi. Felices vacaciones.
martes, 3 de julio de 2012
Soplando castillos de arena.
Cuando uno siente que todo se derrumba a su alrededor la sensación amarga que queda no tiene paralelismos que ayuden a describirla.
Solo se me ha ocurrido imaginar que mi corazón es una gran boca que toma aire profundamente para soplar sobre un castillo de arena que fabriqué durante un año y que es más fácil de derrumbar de lo que se pensaba.
Me creí los cimientos, el cemento y los ladrillos...pero era solo arena, y un simple soplido ha conseguido hacer que los granitos de arena se esfumasen y hayan enturbiado mi vista provocando picazón y lágrimas.
Toca revisión de entorno...Muchos cambios tras la debacle...Comenzar desde qué punto...Un paréntesis de un año para volver al mismo punto...mismos kilos, misma historia...mismo dolor.
Me creí los cimientos, el cemento y los ladrillos...pero era solo arena, y un simple soplido ha conseguido hacer que los granitos de arena se esfumasen y hayan enturbiado mi vista provocando picazón y lágrimas.
Toca revisión de entorno...Muchos cambios tras la debacle...Comenzar desde qué punto...Un paréntesis de un año para volver al mismo punto...mismos kilos, misma historia...mismo dolor.
lunes, 2 de julio de 2012
Recopilando emociones
Vivo un momento convulso en mi interior.
Y supongo que no soy la única que está viviendo este proceso en estos días en lo que todo parece transcurrir más rápido de lo normal. Y sin embargo siento que muchos trenes han estado pasando por mi lado y yo no me he enterado de nada, como si fuese trasparente para personas que son muy importantes para mí.
Todo se cocía en el mundo paralelo que fluye en lo exterior. En una sincronía dessincronizada que me lanzaba dardos de entendimiento a la par que me mantenía sorda y ciega.
Y al final surge la luz...para mostrarme más sombras. Y es que sin luz ni siquiera puede haber sombras y todo lo que surgió como mágico y amoroso trata de resbalarse como lodo de una montaña castigada por la tormenta.
Sé que de nada sirve convertirse en murete porque el lodo seguirá vertiéndose en tanto que arrecie la tormenta en los corazones amados. Pero llegará la paz, la calma que siempre surge tras la tormenta. Y habrá destrozos, porque siempre los hay. Pero se puede reconstruir lo más destruído porque la naturaleza siempre nos da los recursos para regenerar.
La Naturaleza tiene ahora el nombre más bonito que se me pueda ocurrir. AMOR. Y no vale ponerle condiciones al amor. Porque si se las ponemos es CONDICIONAL, y ese no cuenta. Y no vale el "me hizo" o me dejó de hacer, el me dijo o me dejó de decir, el yo me siento dolido pero no doy paso a mi verbo para que sane algo que no debería de dejar de ser sano porque en los corazones tenemos muchas tiritas que favorecen la cicatrización.
No quiero ser pasajero que ve pasar trenes donde huyen las ilusiones. Ilusiones compartidas, cargadas de magia y de luz. Proyectos vitales que se entrelazan y que dan frutos de tal belleza que miles de almas vibran al probar la dulzura del mensaje.
No os convirtáis en trenes veloces que no observan todo lo bello que nos ha dejado la parada común en la estación. La estación de luz, de magia, de sueños compartidos y realizados, concretizados y crecientes. Que nadie enturbie el entendimiento de que es el amor lo que debe guiarnos y si bien el perdón es la llave, el orgullo, el duelo y la falta de comunicación son pestillos que cierran unas puertas que nadie quiere cerrar y ni mucho menos que se las cierren. Y si tengo que llamar al cerrajero, lo haré. Igual yo soy ese cerrajero y este escrito es la ganzúa.
Y supongo que no soy la única que está viviendo este proceso en estos días en lo que todo parece transcurrir más rápido de lo normal. Y sin embargo siento que muchos trenes han estado pasando por mi lado y yo no me he enterado de nada, como si fuese trasparente para personas que son muy importantes para mí.
Todo se cocía en el mundo paralelo que fluye en lo exterior. En una sincronía dessincronizada que me lanzaba dardos de entendimiento a la par que me mantenía sorda y ciega.
Y al final surge la luz...para mostrarme más sombras. Y es que sin luz ni siquiera puede haber sombras y todo lo que surgió como mágico y amoroso trata de resbalarse como lodo de una montaña castigada por la tormenta.
Sé que de nada sirve convertirse en murete porque el lodo seguirá vertiéndose en tanto que arrecie la tormenta en los corazones amados. Pero llegará la paz, la calma que siempre surge tras la tormenta. Y habrá destrozos, porque siempre los hay. Pero se puede reconstruir lo más destruído porque la naturaleza siempre nos da los recursos para regenerar.
La Naturaleza tiene ahora el nombre más bonito que se me pueda ocurrir. AMOR. Y no vale ponerle condiciones al amor. Porque si se las ponemos es CONDICIONAL, y ese no cuenta. Y no vale el "me hizo" o me dejó de hacer, el me dijo o me dejó de decir, el yo me siento dolido pero no doy paso a mi verbo para que sane algo que no debería de dejar de ser sano porque en los corazones tenemos muchas tiritas que favorecen la cicatrización.
No quiero ser pasajero que ve pasar trenes donde huyen las ilusiones. Ilusiones compartidas, cargadas de magia y de luz. Proyectos vitales que se entrelazan y que dan frutos de tal belleza que miles de almas vibran al probar la dulzura del mensaje.
No os convirtáis en trenes veloces que no observan todo lo bello que nos ha dejado la parada común en la estación. La estación de luz, de magia, de sueños compartidos y realizados, concretizados y crecientes. Que nadie enturbie el entendimiento de que es el amor lo que debe guiarnos y si bien el perdón es la llave, el orgullo, el duelo y la falta de comunicación son pestillos que cierran unas puertas que nadie quiere cerrar y ni mucho menos que se las cierren. Y si tengo que llamar al cerrajero, lo haré. Igual yo soy ese cerrajero y este escrito es la ganzúa.
lunes, 25 de junio de 2012
Plantando semillas
Dice mi curriculum que soy docente. Y debo de creer que así es puesto que cobro mi salario de la Consejería de Educación.
Vale, Soy docente.
¿Y porqué tengo la impresión de que soy mucho más que eso?...
Según el Diccionario de la Real Academia Española docente proviene del latín: docens, -entis, part. act. de docēre, enseñar.
Sus acepciones actuales se limitan a dos:
Cada mañana firmo la entrada en mi trabajo, como cualquier persona que tenga la suerte de tener un puesto de trabajo en España en estos días. Se supone que tengo un horario establecido que ha de ser cumplido en su integridad y también se supone que debo desarrollar una tarea más o menos planificada.
Sí, digo que se supone.
Pero no es así.
¿Saben cuál es su propósito de vida?. Creo que hasta hace un par de años yo tampoco lo sabía pero una serie de circunstancias personales y laborales me hicieron tomar conciencia de cuáles eran los motivos por los que yo estaba dando clases en ese colegio en particular.
En un principio mi formación académica iba orientada hacia la abogacía. Cuando uno tiene 18 años y le toca decidir qué quiere estudiar, si se ha criado con nueve hermanos que requieren la misma atención, pronto renuncia a sus sueños y se vuelve realista.
Eso me pasó a mí.
Mi padre era abogado y decidí renunciar a estudiar Periodismo o Historia por dos motivos bien diversos. Desistí de lo primero porque todavía no existía esa carrera en mi ciudad, y de la segunda opción porque ya tenía un hermano historiador y con poco futuro en su horizonte laboral.
La vida fue fluyendo, pues, hacia los estudios de Derecho. Pero nunca me gustó. A trancas y barrancas hice esfuerzos descomunales por estudiarme auténticos ladrillos de Derecho Administrativo o Fiscal que nada me aportaban pero que sumaban frustración a mi existencia. La práctica diaria en el despacho de mi padre confirmaba que aquello no era lo mío, ya que implicaba llevar siempre una máscara de hipocresía que me hacía sentir incómoda.
Ya entonces trabajaba en el mismo colegio donde trabajo hoy. Mis labores eran bastante mecánicas, barría, fregaba platos, vigilaba recreos y comedor...para sacarme unos dinerillos que me permitieran hacer frente a mis gastos.
Pero el contacto diario con los niños del colegio, el observarlos crecer y hacerse hombres y mujeres sembró en mí el gusanillo de la docencia.
Y llegó la Eso (Educación Secundaria Obligatoria). Y para entonces el colegio necesitaba licenciados superiores y rauda como gacela me apunté al Cap e hice cuantos cursos necesitaba para habilitarme para dar clases en esa nueva etapa educativa.
Desde entonces mi concepto sobre la docencia ha cambiado mucho, al igual que lo han hecho las distintas generaciones a las que he visto convertirse en hombres y mujeres.
Si bien durante los primeros años todas mis horas iban orientadas a la trasmisión de distintos saberes a mis alumnos, pronto descubrí que de vez en cuando merecía la pena perder una hora de “docencia pura”, para trasmitir a mis chicos y chicas saberes de los “buenos”, de los que te hacen crecer como ser humano.
Tras 13 años desempeñando estas labores, llegó mi crisis personal.
Perdí la visión durante un tiempo y todo mi mundo se volvió del revés. Y comencé a crecer interiormente, a creer en mí y a ser consciente...
La situación laboral iba a la par de la crisis personal y en un momento dado de mi vida entendí que lo que estaba dentro, se reflejaba fuera y que las cosas debían cambiar para dejar de tocar el infierno.
Y mis chicos aparecieron como balsas a las que agarrarme. Fui consciente de que muchas de aquellas semillas que planté hace años estaban ahí para sostenerme cuando sentía que todo se derrumbaba.
Muchas de aquellas semillas que lancé a tierras sobre las que nadie pensaba que saldría fruto, se habían convertido en seres maravillosos que me mostraban que mi sitio y mi labor eran esos: ayudar a otros seres humanos que la vida ponía en mi camino a convertirse en adultos llenos de valores, preparados para ayudar, a su vez, a otras personas y ampliar así la cadena de amor que hace tanto se inició.
En los dos últimos años, desde que soy consciente, mi vida se ha orientado más que nunca a esa labor tan bonita que se me encomendó. Lo que yo consideré en su momento un castigo laboral se ha convertido, a la larga, en el mayor regalo que me pudieron hacer, ya que con mi supuesta separación de la docencia (la que implicaba impartir horas y horas de materias diversas) se me acercó, justamente, a los chicos y a las chicas que más me necesitaban.
Y aquí ando, feliz, sembrando semillas que sé que darán como fruto a hombres y mujeres excepcionales que nos enseñarán que entre todos se puede hacer un mundo mejor. Y no importa tanto si se aprende o no la fecha de tal o cual acontecimiento, porque el mensaje importante es que deben quererse más a sí mismos para poder amar más a los demás y convertirse, a su vez, en buenos plantadores de semillas.
Vale, Soy docente.
¿Y porqué tengo la impresión de que soy mucho más que eso?...
Según el Diccionario de la Real Academia Española docente proviene del latín: docens, -entis, part. act. de docēre, enseñar.
Sus acepciones actuales se limitan a dos:
1. adj. Que enseña.
2. adj. Perteneciente o relativo a la enseñanza.
Y es ahí donde yo pienso que este adjetivo limita mucho mi labor en el desempeño diario de mi actividad laboral.Cada mañana firmo la entrada en mi trabajo, como cualquier persona que tenga la suerte de tener un puesto de trabajo en España en estos días. Se supone que tengo un horario establecido que ha de ser cumplido en su integridad y también se supone que debo desarrollar una tarea más o menos planificada.
Sí, digo que se supone.
Pero no es así.
¿Saben cuál es su propósito de vida?. Creo que hasta hace un par de años yo tampoco lo sabía pero una serie de circunstancias personales y laborales me hicieron tomar conciencia de cuáles eran los motivos por los que yo estaba dando clases en ese colegio en particular.
En un principio mi formación académica iba orientada hacia la abogacía. Cuando uno tiene 18 años y le toca decidir qué quiere estudiar, si se ha criado con nueve hermanos que requieren la misma atención, pronto renuncia a sus sueños y se vuelve realista.
Eso me pasó a mí.
Mi padre era abogado y decidí renunciar a estudiar Periodismo o Historia por dos motivos bien diversos. Desistí de lo primero porque todavía no existía esa carrera en mi ciudad, y de la segunda opción porque ya tenía un hermano historiador y con poco futuro en su horizonte laboral.
La vida fue fluyendo, pues, hacia los estudios de Derecho. Pero nunca me gustó. A trancas y barrancas hice esfuerzos descomunales por estudiarme auténticos ladrillos de Derecho Administrativo o Fiscal que nada me aportaban pero que sumaban frustración a mi existencia. La práctica diaria en el despacho de mi padre confirmaba que aquello no era lo mío, ya que implicaba llevar siempre una máscara de hipocresía que me hacía sentir incómoda.
Ya entonces trabajaba en el mismo colegio donde trabajo hoy. Mis labores eran bastante mecánicas, barría, fregaba platos, vigilaba recreos y comedor...para sacarme unos dinerillos que me permitieran hacer frente a mis gastos.
Pero el contacto diario con los niños del colegio, el observarlos crecer y hacerse hombres y mujeres sembró en mí el gusanillo de la docencia.
Y llegó la Eso (Educación Secundaria Obligatoria). Y para entonces el colegio necesitaba licenciados superiores y rauda como gacela me apunté al Cap e hice cuantos cursos necesitaba para habilitarme para dar clases en esa nueva etapa educativa.
Desde entonces mi concepto sobre la docencia ha cambiado mucho, al igual que lo han hecho las distintas generaciones a las que he visto convertirse en hombres y mujeres.
Si bien durante los primeros años todas mis horas iban orientadas a la trasmisión de distintos saberes a mis alumnos, pronto descubrí que de vez en cuando merecía la pena perder una hora de “docencia pura”, para trasmitir a mis chicos y chicas saberes de los “buenos”, de los que te hacen crecer como ser humano.
Tras 13 años desempeñando estas labores, llegó mi crisis personal.
Perdí la visión durante un tiempo y todo mi mundo se volvió del revés. Y comencé a crecer interiormente, a creer en mí y a ser consciente...
La situación laboral iba a la par de la crisis personal y en un momento dado de mi vida entendí que lo que estaba dentro, se reflejaba fuera y que las cosas debían cambiar para dejar de tocar el infierno.
Y mis chicos aparecieron como balsas a las que agarrarme. Fui consciente de que muchas de aquellas semillas que planté hace años estaban ahí para sostenerme cuando sentía que todo se derrumbaba.
Muchas de aquellas semillas que lancé a tierras sobre las que nadie pensaba que saldría fruto, se habían convertido en seres maravillosos que me mostraban que mi sitio y mi labor eran esos: ayudar a otros seres humanos que la vida ponía en mi camino a convertirse en adultos llenos de valores, preparados para ayudar, a su vez, a otras personas y ampliar así la cadena de amor que hace tanto se inició.
En los dos últimos años, desde que soy consciente, mi vida se ha orientado más que nunca a esa labor tan bonita que se me encomendó. Lo que yo consideré en su momento un castigo laboral se ha convertido, a la larga, en el mayor regalo que me pudieron hacer, ya que con mi supuesta separación de la docencia (la que implicaba impartir horas y horas de materias diversas) se me acercó, justamente, a los chicos y a las chicas que más me necesitaban.
Y aquí ando, feliz, sembrando semillas que sé que darán como fruto a hombres y mujeres excepcionales que nos enseñarán que entre todos se puede hacer un mundo mejor. Y no importa tanto si se aprende o no la fecha de tal o cual acontecimiento, porque el mensaje importante es que deben quererse más a sí mismos para poder amar más a los demás y convertirse, a su vez, en buenos plantadores de semillas.
sábado, 2 de junio de 2012
Amar a alguien versus tener a alguien
Desde que ayer recibí un comentario en mi entrada anterior he estado pensando en quién y porqué se ha tomado la molestia de rematar mi escrito con una frase tan particular.
Y esta mañana, durante una meditación me han venido a la cabeza, supongo que desde el disco duro, dos ideas. Una...el título de la entrada. Otra...una idea que trataré de desarrollar a lo largo de este escrito, si es que las musas me quieren acompañar.
¿Qué es amar a alguien?. A veces nos creemos que amar a alguien es tener a alguien. Tener: posesión, material, físico, control. Tan lejos de la realidad interior que me cuesta mucho encajar esa idea junto al concepto de amor de verdad.
Yo pienso que amar de verdad es como hipotecar parte de tu corazón para adquirir una parcela en la luna. Pagarás por ese pedazo del astro nocturno durante toda tu vida pero nunca llegarás a ocuparla porque está fuera de tu alcance. La podrás observar algunas veces al mes en toda su plenitud, y pensarás, parte es mía, pero nunca podrás sentir el roce de su corteza en la planta de tus pies.
El amor de verdad no pone condiciones, ni tiene barreras, de ningún tipo. No implica ni contacto físico, y a veces ni siquiera amistad. Es adimensional y puede perdurar no solo durante esta vida sino durante varias vidas. Es irracional y al mismo tiempo forma parte del aire que, inconscientemente, penetra en los pulmones con cada bocanada que inspiramos miles de veces al día.
Ama el pájaro su libertad que vislumbra a través de las rejas de su jaula. Y es un amor completo hacia su reunión final con la naturaleza porque forma parte de ella. Si le abren la jaula seguirá dentro de la misma porque el amor, aun siendo la vibración más potente que existe, capaz de mover montañas, es el gran desconocido y el miedo es inmovilizante.
Lo triste en pensar que se ama porque así lo ha establecido la sociedad. No es amor tener a alguien a tu lado porque socialmente conviene ser visto o vista con una pareja. Fundamentar la existencia en esos convencionalismos solo trae la infelicidad y la insatisfacción. Y siempre llega el día en que nos encontramos con nosotros mismos, porque no siempre podemos huir de quien somos. Y nos sentimos chocados, angustiados, deprimidos al constatar que ni hemos amado de verdad y tampoco hemos sido el aire para respirar de quien creíamos nuestro amor. Ja, nuestro amor. Como si firmar un papel garantizase que ese amor será para siempre.
Las flores se deben regar para que no mueran, siempre. No vale regarlas una vez cada tanto tiempo para que sobrevivan...porque pueden pasar dos cosas...Que la flor aguante hasta ser libada por el insecto que deje su semilla en otro cáliz, o simplemente que se muera.
Y eso pasa todos los días, a cada instante flores mueren por falta de atención ((Paulo... es una metáfora..-no me empieces a decir que coja la manguera que ya sabes que soy muy penca con el campo...jejejej...disculpen el inciso familiar, pero lo conozco...))
Por eso si tenemos la suerte de haber encontrado un amor, aunque la rutina nos separe de reconocerlo, debemos hacer una parada y empezar a fijarnos a nuestro alrededor. Es una realidad y una pena darse cuenta de que hemos tenido cerca a una persona muy especial pero no la hemos valorado. Y muchas veces nos damos cuenta cuando ya lo hemos perdido irremediablemente. La falta de comunicación, la ausencia del contacto físico, el no mirar nunca a los ojos, en fin, el desamor, matan al amor...a ese amor social, claro...
Del otro, al que nos hemos ligado con la firma de la hipoteca lunar...de ese...creo yo que no nos libra nadie.
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