lunes, 16 de diciembre de 2024

Viviendo en otra realidad


Dentro de poco reinicio mis viajes con mucha ilusión. La vida me ha parado en el último mes y me ha hecho replantearme muchas cosas de cómo estaba ocupando mi tiempo aquí en Sevilla. Así que, de nuevo, la instantaneidad me guió a tomar decisiones que conllevan dejar el pasado atrás y afrontar en presente de una manera diferente.
He ordenado mi casa como hacía años que no organizaba y he tirado muchas muchas cosas.
Y me he encontrado como nunca antes me había hallado. A la Irene de 14 años que escribía sus vivencias en 1982 en una agenda de 1979 a modo de diario. Allí está grabado lo que una niña con ínfulas de mujer sentía por su primer amor de instituto. Y entre los miles de papeles qué guardaba absurdamente una Irene de 20 años me contaba a través del tiempo cómo vivía esa etapa. También hallé a la Irene de amores en la distancia con diversos resultados, la de los amores prohibidos y la de las tristes despedidas; aquella Irene que días antes de su boda se replanteaba casarse o no, o la que se desilusionaba uno y otra vez del amor humano.
Pero todo esto le ha servido muchísimo a la Irene de 57 años, a la ya señora de edad que hace menos de un año tiró por la borda una carrera profesional como quien tira el orinal en alta mar, sin miedo y con la confianza de que todo olería mejor al tomar esa decisión. Y no me he arrepentido en ningún momento de la decisión tomada porque solo me ha aportado seguridad en mis capacidades y felicidad en general. 
Pero en los últimos viajes me empezó a doler en el centro del pecho, una presión dolorosa que me paró necesariamente para hacerme el chequeo médico. Y volví a pensar en que las dolencias llevan aparejadas una serie de emociones que nos afectan. ¿Qué chacra? El corazón¿Qué sentimiento? El amor ¿Qué del amor me dolía? !Afuera!
Y eso hice, en otro microsegundo de existencia arranqué de mi corazón un amor indeciso. Y sangró mi alma, pero todas las Irenes me ayudaron a entender que siempre había elegido mal y que la elección era yo misma.
Así que hoy, paseando por mi Sevilla camino de una cena renovadora con mis amigas me digo a mí misma que esta Irene de edad está llegando al punto óptimo de maduración, a un momento de su vida en el que ha decidido amarse sobre todas las cosas y personas, porque ella nunca más se va a infravalorar, siempre se va a acompañar y solo necesita ser amada y mimada por sí misma para lograr la felicidad. Me dan pena las personas que siguen hipotecando su vida a relaciones monótonas y sin sentido por estrictos y absurdos convencionalismos sociales, pero yo ya no participo de ello. Dejo atrás ese pasado y a gran parte de las personas que formaban parte de esa vida de ilusiones frustradas que viví. Los caminos se vuelven a bifurcar y esta vez confío en mí misma para no volver a interferir en la vida de nadie que decida no elegir el camino del amor y la felicidad. Nadie sabe qué le deparará la vida mañana, ni siquiera si hay un mañana, pero yo hoy, decido apostar solo por mí para sanar a todas las Irenes que me precedieron y que sufrieron mucho anteponiendo a otros antes que a mí. Vuelvo a ser la bruja, la maga, la ilusionista y, por ahora, aparte del viaje previsto para todas las navidades, solo me queda asistir al aquelarre con mis amigas. Lo demás está por escribirse...

martes, 3 de diciembre de 2024

Arqueología del hogar

Hace unos días empecé a hacer un curso para lograr descubrir cual era mi propósito de vida en tres facetas esenciales para todas las personas:la salud, el dinero y el amor. Bajo la dirección de un chico joven pero con las ideas muy claras y una capacidad increíble de comunicación he empezado a entender mucho sobre la capacidad que tenemos las personas de transformar nuestra vida. 
El primer paso que me ha calado a pesar de que no viniera explícitamente en el programa es el del auto compromiso con uno mismo para dar los pasos necesarios para llegar a ser la mejor versión de cada uno.
Así que no sé por qué yo entendí que tenía que ser disciplinada conmigo misma ahora que la vida me ha parado a destiempo.
Por ello uno de mis compromisos ha sido cumplir lo que anoche anoté que hoy haría sí o sí para avanzar en cada una de esas tres facetas importantes. Y comprendí que lo primero que tenía que hacer era poner orden en mi interior, indagando con cualquier herramienta que la vida me pusiese delante. Así que también me he apuntado a un retiro de yoga para hurgar lo más profundamente que pueda en mi subconsciente.
Paralelamente he reaccionado a mi pasotismo en cuanto a lo que al orden se refiere. Mi casa está atestada de chismes, hay desorden en cada estantería, armario, cajón.
Una mezcla de cables, papeles, baterías, móviles, recuerdos, cadenitas, destornilladores, bolígrafos, mecheros, llaveros con o sin llaves, se retuercen en cada espacio en una especie de orgía en el que el polvo ennegrece cada rincón. 
Y me propuse que cada día tiraría una bolsa entera de cosas que ya no sirven.
Y como una arqueóloga de mi propia vida voy encontrando cartas de amigos, de amores, escritos que entrarían en un blog si en 1986, 1989 o cualquier otro año antes de 2009 yo hubiera dispuesto de esta herramienta, en los que una Irene que ya no existe aparentemente, narra sus emociones, sus vivencias, sus desamores y esperanzas. 
He encontrado las matrículas de la universidad, cartas desde Pinilla de amigos que aún lo son; fotografías en blanco y negro de cuando hice el curso de fotografía y hasta el carnet que me dieron aquel año; tarjetas con teléfonos de personas que aún son importantes en mi vida que dejan huella de cuantos años han pasado; billetes de avión escritos a mano, las entradas de los conciertos que Mecano y Spadau Ballet dieron en el solar del Prado de San Sebastián en los años 80; muchísimas carpetas de apuntes tomados a mano de Derecho romano, político, civil; fotos con muchos alumnos que ahora ya son adultos con hijos; mucho material de profesora; huellas de mi vida como ayudante de guía de 1987 con los nombres de las personas que aún recuerdo, mapas de museos que han cambiado mucho en 30 años, entradas...
Han sido capas y capas de recuerdos y ha sido difícil decidir qué tiraba y qué guardaba para la siguiente criba. Porque está claro que si no dejo atrás el pasado no seré capaz de avanzar.
En estos días que veía en redes la destrucción real de las casas del entorno de Valencia me planteaba a mí misma que cuánto de lo que llevo guardando toda la vida se habría salvado en una riada en mi casa, y fui consciente de que nada de lo que guardo con tanto celo vale realmente nada porque todo es material. Lo importante son las personas, las amistades que pasados los años siguen estando ahí y te han demostrado que estaban en los momentos más duros de mi vida. Otros se quedaron atrás, en unos lodos que los enterraron en vida y ya no quedan ganas de desenterrar. Hoy han aparecido en cartas, tarjetas de felicitación, pero hace mucho que ya no están y los duelos están superados. 
Aún me queda mucho por tirar, bolsas que irán vaciando mi casa de esa energía estancada, que darán lugar a un espacio que pueda llegar a amar cada vez que vuelva de estar por esa Europa que ahora se va convirtiendo cada vez más en un poquito de mi hogar, en cada hotel limpio y ordenado que me acoge. 
Si soy capaz de estar 15 días con una maleta y tengo suficiente¿qué necesidad tengo de vivir después en un lugar atestados de recuerdos que algún día alguien tirará por mí?
Entiendo que debían estar para que ahora que la vida me dijo que no es infinita pueda volver atrás, pero solo por un tiempo, para reencontrarme con la Irene de 15, de 20,30 o 40 años, la Irene que aún siendo bella siempre se vio fea y gorda y solo era una mujer que nunca se acabó de encontrar a sí misma. 
Es ahora, con 57 años que lo veo todo más claro y he empezado a vivir la vida que quería vivir. Hay decisiones dolorosas que hubiera querido no tener que tomar pero ya estoy cansada de no ser nunca la elegida y ahora he decidido elegirme a mí.
Doy gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de darme cuenta cuando aún estoy a tiempo de cambiar.

lunes, 25 de noviembre de 2024

25 años siendo madre. Ahora vuelvo a ser mujer.

Llegué a mi blog porque hoy necesitaba descargar mi alma de muchos sentimientos y por la fecha que es no podía dejar pasar la importante efeméride que se produjo hace ya 25 años. 
Tal día como hoy a las 23,15 una Irene nueva nació: la Irene madre. Evidentemente lo que celebramos es que Paula abrió los ojos a la vida como ser independiente, pero está claro que también nació una nueva versión de Irene en la que, de repente, dejé de ser mi prioridad para darle ese lugar a mi hija primero, y después por igual a los dos hijos que he tenido.
Sin embargo desde hace pocas semanas las cosas han cambiado. Mi patata ha empezado a molestar y me ha obligado a parar en esa nueva vida que había iniciado en marzo. Y no me dio miedo morirme pero sí entendí que tenía que remendar mi corazón de alguna manera.
Yo, que soy de las que creen en las energías y los chacras, y en todas esas cosas que la mayoría de la gente etiquetaría como "de cabras locas" he amado durante los últimos años a alguien a quien no debía amar. Así que mi corazón se ha resentido mucho de esos quereres inoportunos y ha entrado en barrena hasta que ha dicho ¡Basta! Empezó el dolor físico por no poder gestionar el dolor emocional. !Se acabó!
Ahora elijo amarme a mí, elijo ser feliz en mi nueva profesión y conmigo misma. Ya no me necesitan como madre porque mis hijos ya vuelan solos y saben que seguiré aquí como amiga, confidente y apoyo.
Y en cuestiones de pareja ya no necesito palabras de amor que después no se corresponden con la realidad, no me vale escuchar "te quieros" en susurros que son más adioses perpetuos que palabras sinceras.
Elijo sanar mi corazón y liberarlo de cualquier atadura kármica, de cualquier proyección de futuro, de cualquier entrega en el presente.
No sé si a mi edad la vida me permitirá conocer el amor de nuevo, pero en cualquier caso le pido a ese universo, a ese Dios, a los ángeles de la guarda, ánimas benditas o a quien sea que reparta esas cosas, que me dé a alguien valiente, a quien no le dé miedo amar, que no se acobarde al tomar decisiones en la vida, que me mire a los ojos y me diga con voz potente que me ama. Si no es así, prefiero seguir sola. Quizás en esa nueva versión de Irene, guía turística que viaja en los sueños de mucha gente enseñándoles Europa, hay tanto cariño que dar y recibir que ya no necesito amar a ningún hombre ni tampoco necesito que nadie me ame en exclusiva. ¿Quién sabe?

domingo, 18 de agosto de 2024

El año de los cambios

El año de los cambios es un buen nombre para analizar lo ocurrido en mi vida en el último ciclo solar. Cambió casi todo de mi vida. 

Empezó con la decisión de cuidarme un poco más, por activar el amor hacia mí misma tras muchos años queriendo a los de fuera más que a mí... qué grave error.
Así que empecé a perder peso, poco a poco, gradualmente, al mismo tiempo que miraba a mi futuro con cierto desvelo.
Y cuando todo pintaba muy oscuro, una luz brilló muy fuerte en el horizonte: la luz de la esperanza, la de la ilusión, la de las ganas de reinventarme.
Primero con cautela medí mis posibilidades, mis capacidades y decidí probar.
Pero la vida no estaba dispuesta a esperarme y la oportunidad se lanzó sobre mí a modo de ultimatun. Y lo supe: en una milésima de segundo comprendí que era el momento de dejar ir al pasado y enfrentar un futuro nuevo con ilusión y sin mirar atrás.
Y 8 meses después siento que tomé la decisión más sabía de mi vida.
No ha sido fácil, ni al principio, ni ahora, tras varios circuitos realizados, pero he aprendido muchísimo y siento que me queda mucho por aportar y por aprender. Me siento feliz, regocijada por formar parte del sueño de muchas personas y trato de mejorar día a día porque soy consciente de la responsabilidad que llevo encima. 
Así que hoy desde mi casa, después de muchos hoteles en los meses pasados, me felicito a mí misma por valiente, por decidida, por currante, por versátil, por aventurera y por ser consciente de que el presente es lo único que hay que vivir. Y ya van 57 ...Y yo feliz.

sábado, 30 de marzo de 2024

Disney y la Torre de Babel.

Voy deambulando por Disneyland París y en un momento dado me he visto en el momento de la historia que marca la diversidad de las lenguas y que nos lleva a la Torre de Babel. Al haber dejado al grupo a su aire, la visita a Disney transcurre en solitario y las percepciones desde este nuevo prisma son muy diferentes a las que viví cuando vine con mis hijos pequeños. Miles de familias,  de todos los colores, de todos los países pasean con sus hijos hablando una diversidad de idiomas que le dan aún más colorido a este lugar. Afino mi oído para tratar de entender lo que dicen en italiano, portugués, francés o inglés, idiomas que tengo la necesidad de aprender o perfeccionar en este nuevo periodo de mi vida laboral. A los alemanes no los entiendo aunque ponga todo el empeño del mundo. Y me siento una privilegiada por poder estar cada día en un lugar nuevo, compartiendo mi vida con muchos seres humanos diversos que me permiten inspirarme en la condición igualitaria de todos para escribir y me hacen entender que la mayoría de la gente es feliz cuando ve sonreír a sus hijos. Y se comparte la ilusión de un sueño realizado en este sábado de Gloria de cientos de personas que están a miles de kilómetros de su casa. 
Me siento en un banco simplemente a observar a esas familias pasar de camino a la siguiente atracción y me digo a mí misma ¿Cabe mayor satisfacción y felicidad? Estoy trabajando, me pagan por pasar un día en Disney, observando la felicidad y acrecentando la propia. Espero que llegue el día en que mi cerebro desenmarañe ese batiburrillo de las lenguas de Disney y consiga, por fin, observar no sólo con los ojos