jueves, 20 de febrero de 2014

De repente...una vida.

En estos días ando inmersa en la dulce tarea de reencontrarme virtualmente con cientos de personas que pasaron durante algún tiempo por mi vida. Son aquellos chicos y chicas, hoy hombres y mujeres, que pasaron por mi lugar de trabajo desde que tenía 14 años, lugar donde nací y lugar donde viví durante los primeros diez años de mi vida.
Un colegio que mis padres fundaron hace más de 50 años y que sigue formando a muchos niños que llenan sus aulas de alegría y energía maravillosa.
 Allí pasaron muchas horas cientos de alumnos que en estos días se están reencontrando a través de las redes sociales y una fiebre de felicidad compartida nos está llevando a todos a compartir fotos, recuerdos, anécdotas que, cuanto menos, estremecen los sentidos y emocionan al corazón.
En estas dos semanas y a través de la memoria compartida, he recordado las sesiones que pasamos preparando una obra de teatro sobre los dioses griegos. Allí cual Uranos, Aracnes, Apolos y Venus los chicos y chicas prepararon un vestuario con restos de sábanas y telas que madres, confiadas o resignadas, donaban para la causa, decorados con restos recogidos por polígonos de Sevilla, o grabaciones para no tener que preocuparnos de si se olvidaban los textos de aquella faraónica obra que fue representada una única vez.
Y fue la primera.
Tras aquella experiencia durante el centenario de Mozart nos atrevimos a representar un fragmento de la película Amadeus. Pertrechada con las cornucopias y sillas de pan de oro de mi madre, recabamos vestuario del Centro Andaluz de Teatro, compramos algunos disfraces y pelucas blancas y nos atrevimos a emular las rencillas entre el ilustre compositor y su contrapunto el maestro Salieri.
He de reconocer que no es fácil motivar a chicos y chicas de quince años para que se metan en esos papeles que le son tan ajenos, pero creo que la satisfacción del aplauso de esa única representación compensa todos los sacrificios del proceso de montaje.
Por último, hace ya unos cuantos años, otro grupo de valientes y yo nos atrevimos con lo  más difícil.
Quisimos representar una clase de historia en la que un profesor le soltaba ciertos pasajes a sus alumnos y uno de ellos, adormilado, soñaba de una manera un tanto adulterada, una versión de la historia en clave de humor. La obra, creada por la que escribe estas líneas, parodiaba a algunos personajes de la historia y con varios pasajes en verso, combinaba la música, los bailes y los vesturarios de los siglos XVI y XIX
La frustración por no haber podido grabar las otras dos obras me llevó a ser más cautelosa esta vez, y todos nos esmeramos en que el esfuerzo realizado quedase registrado para poder ser compartido. Así que nuestra Clase de Historia se encuentra debidamente registrada en youtube para quien quiera reverla.
Son tantos los recuerdos que están llegando a estos días, que he querido ir lo más atrás posible. Como dicen en Toy History...hasta el infinito..y más allá.
Y con ello me perdí en los baúles de mi madre en busca de fotos antiguas. Y hallé verdaderos tesoros de cuando el colegio ni siquiera era colegio.
Ya sabíamos que en el solar donde se construyó la casa que hoy acoge al colegio se hallaba, hace unos siglos ya, el Palacio de los Condes de Castellar, lugar donde vivió Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI de Castilla, y madre de muchos hijos de este rey, entre ellos el que sería Enrique II de Castilla, primer rey de la dinastía de los Trastámara. Su hermanastro, Pedro I, el Cruel o el Justiciero, era el hijo legítimo de Alfonso XI y murió a manos de su sucesor Enrique, como venganza por el asesinato perpetrado por Pedro I de varios de sus hermanos.
Así que, muchas veces, y en un ejercicio de meditación histórica, imagino el tiempo correr hacia atrás, y, desde el mismo lugar físico, creo sentir toda esa historia pasando por mi vera.
Imagino a Enrique, junto con sus hermanos, corriendo por los pasillos de una gran casa, asomándose a unas ventanas que dan al Palacio de Dueñas, vecino del de los Condes de Castellar.

 De la misma manera, en la casa que se construyó después y cuyas imágenes se ven en esta larga entrada, yo misma, junto con mis muchos hermanos, jugábamos por los pasillos y observábamos desde el que fue cuarto de mi madre, el mismo Palacio de Dueñas.
Esos árboles no son los mismos que vieron en el siglo XIV los primeros Trastámaras, pero sí la misma luz del sol de Sevilla sobre los tejados de una Sevilla maravillosa.
 Y porque es mi propia historia, la emoción que siento en estos días se acentúa al compartirse con tantas personas que reaparecen e incrementan la energía del pasado.
Ahí, justo al final de esta escalera, estaba mi cuarto, el dormitorio donde dormí los primeros diez años de mi vida. Todavía hoy, al mirar el suelo de esa clase, y las maderas que la circundan, puedo recordar a una Irene pequeña, jugando con una muñeca regordeta en las figuras geométricas del suelo rojo y negro.
He de reconocer que ahí está una gran parte de mi vida. He sido feliz, he sufrido, he aprendido, he amado, he crecido, he enseñado...
Y espero poder seguir haciéndolo durante muchos años más.
No creo que mis padres cuando fundaron el Colegio imaginaran que 50 años después algunos de sus hijos, ni siquiera concebidos por aquellas fechas, seguirían sus pasos en el mundo de la enseñanza.
Ya pasaron por aquí miles de sevillanos, andaluces, españoles y extranjeros y estoy segura, como estoy comprobando en estos días, que todos se llevaron un recuerdo agradable de su paso por estas paredes, maravillosamente decoradas con azulejería artística, sin duda, pero sobre todo, impregnadas de un cariño que es difícil de ser olvidado.




viernes, 31 de enero de 2014

Un baúl inacabable

En estos días estamos inmersos mis alumnos y yo en la elaboración de poemas para conmemorar a finales de febrero el día de Andalucía.
Para motivarlos a que participen he decidido dedicarle unas cuantas horas a esta labor, y hemos estado leyendo poemas diversos, de autores conocidos y otros desconocidos. Hasta me he atrevido con poemas propios que están publicados en este mismo blog.
Y tras un poco de estudio relacionado con la métrica, la rima y las figuras retóricas nos hemos puesto manos a la obra.
Al principio les ha resultado muy difícil el decidirse a escribir. Les da reparo poner sus almas a descubierto, y sienten que al escribir un poema las risas surgirán del resto de sus compañeros y no quieren pasar por tal humillación.
Entonces he abierto mi baúl. Ese baúl inagotable donde busco la inspiración.
En la capa de arriba estaban los temas...He orientado sobre qué podrían escribir y he improvisado versos, algunos serios, otros graciosos, unos con rima y musicalidad, otros planos pero cargados de mensaje.
He visto bocas abiertas al comprobar cómo salían, de repente, palabras encadenadas barajadas al aparente azar y formando línea tras líneas de poemas que antes no existían.
Hasta yo misma me he sorprendido de la capacidad que atesoraba para versar hasta las más absurdas ideas.

Y así, poco a poco, mis alumnos han empezado a pensar. Han barajado sus propias ideas para crear, también de la aparente nada, sus propios poemas.
Con pequeñas correcciones gramaticales y variando unas palabras menores por otras, sin restar la esencia de sus propias ideas ellos...han creado.
Y les ha encantado sentirse creadores.
Así que ahora toca seguir profundizando en ese baúl que nunca se agota para extraer las palabras más bellas, las ideas más hermosas y los finales más sorprendentes...Me apunto.

martes, 28 de enero de 2014

A la búsqueda de "Ción"

"Ción" no es ningún sitio, ni nada real. He tomado este nombre inventado, que recuerda a Sión y a los sionistas pero nada tiene que ver con ello. Mi "ción" es mucho más simple, más cercano y lejano a la vez. Es el cúmulo de cosas que se dejaron sin hacer, o que se comenzaron y se pararon en seco, sin camino dibujado por el que discurrir.

En mi "Ción" viven muchas palabras que evocan sentimientos, esperanzas, sueños inconclusos.

EmoCión es una de las cabecillas de mi ciudad imaginaria. Emoción me alegraba la vida, hacía mi corazón latir con fuerza. Era fácil andar con ella y me proporcionaba una gran felicidad. Me gustaba vivir con emoción pero un día partió lejos y no volví a saber de ella.

MotivaCión también estuvo un tiempo muy cerca de mí. Hace tres años fue cuando más nos relacionamos. Tenía una motivación increíble para hacer cosas y sobre todo para quererme a mí misma. No había reto que me supusiese obstáculos insalvables porque la gran Motivación me acompañaba cada día.

ExpectaCión tenía ciertas manías que no me gustaban. Me pinchaba continuamente para que pensase en el futuro y me alejase del presente que vivía. Por culpa de la expectación que el futuro me deparaba fui alejándome de Emoción y Motivación comenzó a cansarse de mí. Dejé que Expectación ganase la partida y poco a poco comencé a vivir sin Emoción.

Como Motivación sintió que ya no era necesaria...se fue marchando un poco más cada día. Sus ayudantes, visitantes de Ción, Ilusión y Alegría, la convencieron para que marchase de mi lado, porque había dejado de sentir que tocaba vivir el instante, siempre con la sombra de un futuro que se fue nublando cada día más.

Así que pronto llegaron nuevos visitantes a "Ción": Inacción, instrospección, con otros visitantes Desilusión, Tristeza y me fui olvidando del lugar tan bello que un día creé.

Hoy he vuelto a recordar que desde este rincón pude hacer mucho por mí para atraer la Emoción y la Motivación a mi vida. A través de las letras que emanaban incontroladamente de mis dedos, martilleadores de un teclado que susurra golpecitos cadenciosos, conseguí, tiempo atrás, sentirme plenamente feliz. Incombustible y luchadora como nunca.
Conseguí casi todo y me quise como pocas veces en mi vida.
Me dejé ganar la partida, pero sigo teniendo estos dedos, sigo queriendo ser feliz, sigo queriendo emocionarme y motivarme para recuperar la alegría que me sacudió y enamoró pocos años atrás.
Es cierto que la vida no me dio todo lo que deseaba, que muchos sueños se quedaron sin cumplir, que barreras infranqueables limitaron caminos que anhelaba desde lo más profundo. Es cierto que he vuelto a ocultarme tras centímetros de piel y carne para que pocos puedan acceder a mi interior. Es cierto que ya no me miro al espejo con la ilusión con la que lo hacía hace tres años. Sí, todo eso es cierto, pero también es cierto que sigo sintiéndome querida por personas para las que soy muy importante; es cierto que sigo siendo una mujer fuerte y que me queda mucho combustible por quemar; es cierto que puedo conseguir lo que me propongo porque ya dijeron hace mucho que lo imposible solo requiere más tiempo.
He buscado ese "Ción" amable que me envolvió hace tres años.
La vida da muchos reveses pero hay tanto por lo que vivir. Y una vez más me pego chorlitos a mí misma para que vuelva los ojos hacia adentro...¿dónde si no?...Está todo ahí, pero he sido cobarde. Sigues siendo la misma...sigo siendo la misma...
Debería dejar de buscar Emoción o Motivación fuera de mí, ya que ellas se fueron a habitar dentro, ahí, junto al corazón, esperando que un día, quizás hoy, vuelva a mirar hacia allá y las vea. Las echo terriblemente de menos, las necesito...me queda buscar dentro, abrir con mis llaves el corazón cual caja de Pandora y seguro que ya las tengo.


viernes, 17 de enero de 2014

Las de cartas de amor que dejaron de escribirse

Como dije en la primera entrada de este blog, hace ya muchos años, la inspiración es como una ola que viene cuando menos te lo esperas y te retumba dentro de forma que si la dejas pasar, esos pensamientos que surgieron de repente, se quedan olvidados en el limbo, si es que este existe.
Hoy empecé a sentirme mal porque un alumno con síntomas claros de constipado y/o gripe empezó a toser delante de mi cara. Pensé...hoy caigo mala, seguro.
Efectivamente los síntomas empezaron también en mí, primero estornudos, frío intenso, malestar en el estómago. Y antes de tomar nada o ir al médico donde seguramente contraiga con seguridad alguna otra dolencia, decidí chutarme un ratito de esa bonita energía de la que hablé ya hace mucho y que es el Reiki.
No es que sea muy constante en la autoaplicación de esta energía que sana en todos los planos del ser humano, y por ello puedo lamentar el tener ahora bastantes kilos de más y un poco de desánimo general.
También es cierto que yo soy una persona de SOL, de verano y de calor, y estos días mustios del invierno aflojan mi estado de ánimo hasta puntos muy bajos.
Pero bueno...para variar me estoy yendo por las ramas, así que vuelvo a mi improvisada sesión de Reiki en la hora que tengo libre los viernes. Durante ese proceso me vinieron a la cabeza imágenes de otras épocas de mi vida.

En esa época, durante una década, hace ya casi 25 años, mis circunstancias vitales me llevaban a escribir continuamente cartas de amor para mantener una historia a la distancia. En esas cartas que escribí quedó gran parte de la Irene que era y que en algunos aspectos sigo siendo. Aquellos folios deben estar ya amarillentos en alguna caja de zapato de mis estanterías (si tuve la suerte de recuperarlas al acabar la relación) o son conservadas por los destinatarios de las mismas como mudos testigos de amores que murieron. Es posible que incluso fuesen enviadas a la basura cuando esas personas retomaron sus vidas sin mí. Pero en cualquier caso son reliquias de un fragmento de mi alma, joven, que se plasmó en papel.
Sin embargo hoy en día las cosas han cambiado.

Muchas cartas de amor dejaron de escribirse.

Cartas a las que marcar con besos adolescentes de labios pintarrajeados con carmín hurtado a las hermanas mayores. Cartas con tinta corrida en las letras, por haber sido impregnadas de perfumes o colonias, en un intento de trasladar al amado olores familiares. Cartas en las que llorar la lejanía, el silencio, la ausencia de respuestas...en las que desmenuzar los sentimientos como no se puede hacer por el teléfono ni en persona.

Las nuevas tecnologías han hecho morir a esas cartas de amor en las que se recogían momentos intensos de nuestras vidas, pedacitos de alma que se dejaban sintetizar en un intento maratoniano de plasmar algo inmaterial como los sentimientos, buscando palabras imposibles que sufrieran, sonrieran, respiraran, suspiraran, anhelaran como nosotros.

Echo de menos aquellos momentos, no solo en los que amaba profundamente, con ilusión, sino en los que destripaba mi alma para mi amado, desde lo más profundo, para tratar de fundir su alma a la mía y buscaba las palabras más bellas que se me ocurrieran para intentar expresar esos sentimientos.
Y creo que ahora, desde la segunda década del siglo XXI, por mucho que mis sentimientos volvieran a ser los de aquella adolescente o de mujer joven, seguiría la corriente de mis tiempos y escribiría emails de amor, Whatsapps de amor, sms de amor...pero no aquellas cartas.
Creo que hemos perdido mucho...


sábado, 28 de diciembre de 2013

Reivindicando la inocencia

Hoy es el día de los Santos Inocentes, día que viene a conmemorar la muerte de un número indeterminado de niños de manos de un temeroso político que temía la pérdida de su poder por parte de un Rey que acababa de nacer.
Es la historia que recoge la Biblia y la que nos han contado desde que éramos pequeños.
Aparte de esta historia este día 28 de diciembre se celebra en España como el día en el que las mentiras se muestran con impunidad, las bromas se gastan y todos estamos alerta para poder identificarlas antes de caer ingenuamente en las más ingeniosas.
Pero yo hoy he querido hablar de la inocencia, pero desde otro punto de vista.
Quiero recordar ese concepto de Inocencia que implica ausencia de picardía, de maldad, de malos pensamientos. Inocencia como estado de pureza de corazón que nos viene regalada desde el momento en el que vemos este mundo por primera vez. Esa inocencia que se va olvidando a medida que nos relacionamos con otras personas que dejaron de ser inocentes antes que nosotros. Ese estado interior en el que la concordancia entre lo que se siente y lo que se hace van íntimamente unidos.
Antes de llegar la discordancia entre esos dos estados interiores los seres humanos confiamos ciegamente en los que nos rodean.
Creo que es lo que sienten los niños pequeños cuando piden, exigen, reclaman su lugar en su espacio vital. Ellos se sienten merecedores de todo y todo les viene dado. Sus padres, sus familiares, todos los adultos que los rodean están ahí para satisfacer sus necesidades y requerimientos y tienen la seguridad de que serán surtidos con absolutamente todo. Forma parte de su inocencia.
Se recibe lo que se da, y el niño pequeño, desde su candidez, sabe y reclama desde su sabiduría, que está actuando como debe, como niño, sin matices ni dobleces, y por lo tanto recibirá lo que necesita.
No hace mucho volví a escuchar la historia de Ubuntu. Buscando por la red seguro que hay miles de versiones de este cuento o  supuesto estudio antropológico que venía a probar que la inocencia se puede llegar a conservar si los adultos aportamos las bases necesarias para que los niños, simplemente, no pierdan la que traen de serie.
Estos niños simplemente entendían que era mucho mejor compartir que hacer que sólo uno de ellos consiguiera ser feliz, a costa de la tristeza de todos los demás.
Creo que esta disertación sobre la inocencia daría mucho más de sí si me quisiera centrar en el proceso vivido por esta mujer que escribe y la experiencia personal de la misma. Desde la perspectiva de mi corazón, que fue inocente y poco a poco se fue adulterando las cosas se ven de una manera diferente.
Es una pena que no tengamos una tecla de reset, como las maquinitas que nos rodean, y que dicha tecla se pudiera accionar selectivamente. Yo no quiero un reseteo completo de mí misma, pero en relación a la inocencia sí echo de menos a esa Irene que de inocente que era, era casi tonta.
Esa Irene recibía muchas "guantás" en su infancia, porque no aceptaba mucho de lo que veía. Me enfrentaba a quien intentaba adulterar esa visión casi idílica de mi exterior, volcada en una fantasía íntima que yo solo comprendía.
A medida que fui creciendo esa Irene fue desapareciendo. Circunstancias traumáticas hirieron profundamente a esa niña inocente que se acorazó para defenderse de toda la maldad que le rodeaba. Me fui forjando una armadura de dureza, de desconfianza y mi inocencia simplemente se esfumó.
Hoy, en un día en el que recordamos a aquellos bíblicos inocentes, quiero reclamar a esta mujer de 46 años que rebusque, que ponga su interior patas arriba, para recuperar aquella inocencia que la caracterizaba.
Porque quiero volver a confiar, a mirar a los ojos siendo yo misma, sin corazas, sin armaduras, sin dobleces o falsedades.
¿Es posible recuperar la inocencia?. Hablar de ella ya es una forma de llamarla, así que ahora, cerrando los ojos, cada uno de los que leen, hablen consigo mismos y recuerden a aquel inocente que habitó en su interior y que, sin duda, sigue dentro.
Solo si los adultos volvemos a mirar a ese ser inocente que fuimos, podremos empezar a confiar y seguro que las cosas cambian.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Recuperando la luz

Escrito en septiembre de 2013

Han pasado 10 días desde que recibí el mayor regalo que la vida me ha dado. Un regalo que no me canso de agradecer y que me hace sentir maravillosamente feliz.
Y poco a poco nos vamos conociendo.
Cuando el doctor me quitó la venda del ojo...sentí dolor y no veía nada. Pero aún así no podía dejar de sentirme maravillosamente, como si ese pedacito ajeno me estuviese indicando que no tenía nada que temer..."ten paciencia" parecía decirme.
Con el paso de los días mi ojo tomó un tono metalizado, y parecía que brillaba como bola plateada
Y he tomado dichos cambios con ilusión, alegría.
Me he mirado al espejo y le he dado la bienvenida a la ventana que han instalado en mi ojo enfermo, porque quiero que se sienta cómoda en su nuevo emplazamiento. La emoción ha sido increíble, porque nos hemos dado mutuamente la oportunidad de seguir viviendo y la de recobrar la visión.
¿No es increíble que existan estas oportunidades, la de volver a tener algo que uno ya pensó que nunca más tendría?
Y cada mañana, al abrir los ojos, me siento nuevamente afortundada porque la vida me regala nuevas oportunidades. Ahora mi mano ya no es algo informe para mi ojo izquierdo. Tiene forma de mano, y poco a poco va teniendo dobleces, líneas en su palma...y me parece increíble...
Una vez más siento que lo que me pasa en este plano físico es enseñanza para mi mundo interior.
Quizás pasan tantas cosas que me ayudarán a ver más de lo que me rodea y no soy capaz de reconocerlas, que la vida me da la oportunidad de ver con mis ojos físicos el mundo en 3 dimensiones, cuando mi interior ya va pasando por la 4 dimensión, hacia la 5ª. Y si desde esta nueva realidad física, soy capaz de sintonizar con todo lo bello que implica la generosidad y el agradecimiento, quizás el paso adelante en mi mundo interior dé un paso de gigante.

12 diciembre de 2013

Tras tres meses y medio de mi operación hoy quiero seguir escribiendo esta entrada que nunca publiqué.
En este tiempo he notado básicamente una cosa: me he bloqueado. Es un bloqueo que todavía no soy capaz de comprender porque no he querido pararme a analizarlo.
Siempre pensé que tras recibir mi trasplante algo pasaría para que reaccionase de una vez y diera cabida en mi vida a mi realidad de una forma más natural. Será que no soy capaz de ser natural, ni siquiera conmigo misma.
No he sido capaz de escribir nada absolutamente desde que me dieron este maravilloso regalo. Bromeando con mi hermano de ojo (la persona que recibió la córnea del ojo compañero de mi córnea) llegué a pensar que el donante que me permitió volver a ver, sería una persona a la que le gustaba poco la lectura y/o escritura, y que ello había motivado mi alejamiento de esas dos maravillosas actividades.
Evidentemente si me pongo seria, sé que el problema (si es que se puede considerar un problema) viene de mí misma, de mi separación externa/interna.
Creo que estoy en un proceso de estancamiento promovido por mi subconsciente, como si algo, desde dentro, me estuviese mostrando lo físico, lo exterior, desde esta nueva perspectiva de luz recuperada, para que cuando ya me sature, vuelva la vista hacia adentro, hacia donde nunca debí dejar de mirar.
Y es curioso que sea mi profesión la que me haya traído de nuevo hasta este blog.
Hoy, durante una de mis clases de lengua, promovía entre mis alumnos que escribiesen un monólogo contando algo que viesen con su interior. Era un ejercicio para expresar por escrito sensaciones, percepciones, sentimientos a la par que describían lo que sus mentes fuesen capaces de visualizar.
Para ellos ha sido un ejercicio muy gratificante, pero para mí, ha sido como un choque frontal conmigo misma. Les estaba pidiendo a ellos que hicieran algo que yo había dejado de hacer.
Así que una vez terminada mi clase, con una hora por delante antes de retomar mis actividades he vuelto a entrar en este rincón.
Asombrada ante la cantidad de días que han pasado desde que publiqué mi última entrada, he visto que en borradores estaba ese intento de septiembre de explicar la emoción que volver a ver me está produciendo.
Y me doy cuenta de que si aún no veo como debería ver, es por propia voluntad de mi subconsciente. Porque si viese completamente igual dejaba de valorar los regalos que la vida me va dando día a día.
Sin proponérmelo este año estoy desarrollando un trabajo con el que me siento superfeliz. Tengo unos grupos muy buenos y el ambiente de trabajo es bastante agradable.
Así que sigo agradeciendo porque aunque yo misma sea a veces la peor enemiga que me encuentre, en realidad la vida sigue siendo generosa y buena conmigo.
Sé que disto mucho de estar en mi nivel óptimo de expresión escrita, que mi creatividad ha descendido notablemente, pero también sé que algún día, cuando esté preparada, volveré a retomar la escritura con fuerza. Por ello junto a esta entrada pegaré otro trocito de mi proyecto de novela, a ver si así me animo a continuarla. Para ello necesito apoyos exteriores, por ejemplo el tuyo que me estás leyendo ahora. Opina, comenta, critica, valora. Es un favorcito que te pido. Un abrazo y volveré en breve...
A continuación el fragmento de mi novelilla. Son dos capitulillos en los que presento a dos personajes en dos épocas y lugares muy distintos...pero tienen algo en común.

"CAPÍTULO 3- AIYANA- Eterno florecer

Aquella mañana el poblado  había amanecido revuelto tras los acontecimientos vividos la noche anterior.
El chamán Wakonda había celebrado una ceremonia que había provocado gran miedo en parte de los jóvenes que habían sido seleccionados.
El sonido de la chungana, una especie de maraca que usaba en raras ocasiones, había tratado de alejar a los espíritus maléficos que rondaban por los alrededores. También había tratado de invocar a los espíritus amigos de manera que los protegiese en las guerras que pronto se desarrollarían.
Los jóvenes recién iniciados, lo habían acompañado en un viaje de semiinconsciencia, provocado por la inhalación del humo de unas hierbas alucinógenas.

Aiyana había permanecido toda la noche despierta, escuchando desde lejos los sonidos de las sonajas y de la chungana que le produjeron un terror interior del que no había conseguido librarse, ni siquiera cuando el sol ya iluminaba la vivienda.
Mamá Quilla, todavía aparecía redonda en lo alto del cielo y Aiyana pensó, una vez más, cuántos ojos estarían admirando la grandeza del astro nocturno pugnando por no dejarse vencer por Inti, el dios Sol, su hermano y esposo,  que cada mañana le ganaba la batalla.

Observó como Takoda dormía profundamente en el lecho. Imaginaba que su alma no lo acompañaría en ese momento y probablemente andaría por otros mundos como le ocurría a ella cuando dormía.
Normalmente acudía al hechicero para que le ayudase a interpretar el sentido de sus sueños. Extraños viajes a lugares desconocidos donde vestía ropas extrañas y donde Pacha mamá, diosa de la tierra, aparecía estéril en un entorno desconocido para ella.. Tierras secas y carentes de la vegetación exuberante donde ella estaba acostumbrada a vivir. "

CAPÍTULO KHALIL (Buen amigo)
Mirando el firmamento trató de contar las estrellas que brillaban en la noche. Tal y como le
había enseñado su abuelo en el norte se encontraba Sirio, una estrella que servía de guía
para encontrar un grupo de luces que formaban un cinturón al que llamaban constelación de
Orión. Y desde allí, cada muchos años un grupo de estrellas se dejaba ver, y muchas cosas
cambiaban...
Pero no era en esa época del año cuando encontraría el rastro de las Pléyades en el cielo.
En el desierto  arábigo las noches eran frescas y eso le obligaba a llevar una túnica blanca de
manga larga. Bajo la misma  unos pantalones holgados le protegían de posibles picaduras de
insectos, así como de los roces que el cabalgar sobre el camello durante horas,
acompañando a las grandes caravanas de comerciantes, le producían.
Esa noche la jaima del jefe permanecía iluminada. Unas antorchas encendidas, habian sido
clavadas a poco más de un metro de la entrada de la misma. Hombres vestidos igual que
Khalil entraban y salían sin cesar, rompiendo el silencio del desierto.  Esperaba ser
convocado de un momento a otro para ser informado de lo que ocurría.
Su propia tienda, donde compartía lecho con su esposa, Azhar (flores) y sus hijas Fátima y
Salma (paz), había vivido unos momentos tensos cuando él decidió salir del oasis para
observar el cielo.
Mientras pensaba, alguien lo llamó por su nombre y se acercó a la jaima principal.
Días antes habían llegado a la zona y había ayudado a su montaje. Habían extendido el gran
toldo en el suelo en dirección contraria al viento, fuerte en el desierto. Unos postes habían
sido anudados por cuerdas para darle tensión al toldo y después había sostenido uno de los
postes centrales tras haberlo elevado a la altura justa.
Al entrar esa noche en la tienda comprobó cómo habían sido colocados unos cerramientos
de un tejido hecho de pelo de cabra y de lanas decoradas. En el techo, varias bandas de
color oscuro servían de refuerzo al ser estiradas y ancladas en el suelo.
Aunque la noche era muy fría en el exterior, la jaima permanecía confortablemente cálida.
Las telas habían sido recubiertas con almagre y grasa, lo cual servía para protegerlas del sol
y de la lluvia, aunque esta era bastante escasa en la zona.
Un fuego crepitaba en el centro de la jaima, iluminando el espacio con una luz anaranjada
que era reflejaba por los distintos objetos metálicos dispersos por la tienda. Sobre una mesa
baja, una tetera de bronce humeaba y el olor del té inundaba toda la estancia.
La gran tienda del jefe estaba decorada con alfombras realizadas con pedazos de distintos
tipos de pieles. Unas lámparas de aceite, colocadas en los cuatro puntos cardinales,
iluminaban las zonas más oscuras de la tienda, allí donde no llegaba la luz de la hoguera.
Junto al fuego, sentado sobre un cojín, estaba el jefe de la tribu. Tenía las piernas cruzadas y
los dedos de las manos unidos por pares, formando un rombo con los dedos pulgar e índice.
Apoyaba su frente en la conjunción de ambos dedos índices y aparentemente estaba
dormido

lunes, 26 de agosto de 2013

Gracias, gracias, gracias.

Hace unas horas he recibido una noticia que llevaba mucho tiempo esperando. Tras muchos días sin escribir porque no sentía que tenía nada que decir, hoy, 26 de agosto, un cúmulo de ideas se me vienen a la cabeza y apenas sé ponerlas en orden para plasmarlas en este, mi fiel y añorado compañero virtual.
Lo primero que quiero hacer es agradecer: agradecer a la familia de la persona que ha donado la córnea que recibiré mañana, por su gran generosidad. Sin esa persona no sería posible hacer realidad el sueño de volver a ver con mis ojos físicos, y procuraré hacerme merecedora de ese regalo haciendo los cambios interiores que sean necesarios.
Llevo mucho tiempo repitiéndome interiormente muchas frases, básicamentes las de hooponopono, para poner orden a mi interior. Las luchas internas son incansables y es que nuestra mente, analítica, no para nunca y crea y recrea mundos alternativos que en muchos casos están cargados de negatividad. Al repetirme mentalmente esas cuatro llaves de amor, suplo de una energía sanadora, cualquier archivo negativo que habite en mí, y sé que las cosas se modifican para mejor.
Hoy me llamaron, por fin, y en pocas horas ingreso en el hospital para que un sueño se haga realidad. Una novela esbozada espera impaciente que esto ocurra porque la protagonista, a la par que esta que escribe, espera impaciente un trasplante para que su vida dé el giro necesario para ser feliz.
Y yo soy feliz, inmensamente feliz, hoy y hoy, que es lo único que vale. Feliz porque tengo inmesidad de amigos y amigas que me quieren sinceramente y me lo han demostrado, tanto el día de mi cumple, hace apenas una semana, como hoy, cuando he difundido la noticia de mi próxima intervención. Todos los buenos deseos me han inundado de una energía maravillosa, de amor, de convencimiento de que todo está pasando porque así debe ser y que soy una auténtica privilegiada por todo lo que tengo, por el cariño que recibo, tanto de gente que me conoce desde siempre, como de algunas que nunca me vieron pero que sintonizaron con mi energía y aún en la distancia me quieren de la misma manera que yo a ellas.
En estos días hay algo en el ambiente que sugiere cambios hacia momentos mejores. Hoy es  el futuro que soñé en el pasado, aunque ya hace mucho que olvidé esas dos realidades. Pero ayer por la tarde me reencontré con un montón de escritos en los que una Irene de 21, 23, 27 y 30 años, me hablaban desde el pasado. Y claro...algo saltó dentro. Soy todas ellas pero ya no pienso así. Sé lo valiosa que soy, a lo mejor no porque yo me haya convencido de ellos, sino porque tantas personas queriéndome tienen que significar que soy una persona que vale...y soy la última en enterarme.
Muchas gracias también a los miembros de mi familia que me han apoyado siempre, a mis hermanas Carmen e Irene (que aunque es prima, ejerce de hermana) y a mis innumerables amigas ( y también amigos) perdigonas, salesianas, dukanianas, zambrinas, reikistas y guerreros de la luz,  calderones (básicamente exalumn@s), al gran grupo de facebook con el que me siento como en mi casa, a la gran familia de portugueses que me acogen como a una más. Porque de todos he recibido el apoyo y el cariño y no quiero olvidarme de nadie en este nuevo renacimiento.
Mañana recibiré un regalo que ampliará los límites de "lo que ven mis ojos", nombre de este blog que nació ya hace muchos años y con el que, poco a poco, he ido recuperando la vista interior, la que nunca debí perder.
Gracias, gracias, gracias.