sábado, 5 de mayo de 2018

Larga espera

Los labios que me besaron
Acariciaron mi alma
Etérea pasión que une
Bocas que se callaban.
Las voces que se escucharon
Surradas en la cama,
Gritaban goces al viento
En el sueño que soñaba.
Las manos que me tocaron
Y los brazos que abrazaban
Los cuerpos que imaginados
Desde lejos se anhelaban.
La vida que no vivimos
Pues la vida no dejaba
Desde lejos,  sí muy lejos,
Es soñada y recreada.
Y el futuro que no llega
Y las ilusiones vanas,
No apagan el fuego eterno
Que me tiene enamorada.

martes, 1 de mayo de 2018

Sentir

En el calor de sus ojos
sentí la vuelta al hogar.
Aquel que soñaba en sueños
Aquel que quise soñar.
Mas la llave no era mía, 
Y me resigné a esperar
A que cambiase la vida
A que eligiese cambiar.
Y el hogar se marchitaba
Aún regando sin parar,
Y la fuerza del pasado
Apisonó mi esperar.
Y ya los húmedos ojos,
Cansados de contemplar
se cierran desesperados
Para dejar de llorar.
Adiós, mi amigo,  mi sueño
Adiós mi anhelado hogar,
No lamentes más mi marcha,
Tú me dejaste marchar.

Liberación

¿Cómo desbrozas del alma
Las raíces del amor,
Si quisiera yo arrancarlas
Al ritmo del corazón?
Los dedos que se enlazaban
Susurrándome su voz,
Que el amor que regalaba
No me lo inventaba yo.
Más el dolor que avivaba
La distancia de su olor
Me destrozó las entrañas
Y era él o era yo.
Arráncame ya la bala
Que me clavaste de amor,
Arrancada ya no daña,
Y ya soy una,  no soy dos.
Y al sentirme liberada,
de aquesta nuestra prisión,
Alzaré libre mis alas,
para volver a ser yo.

lunes, 30 de abril de 2018

¿Y si me miras?

Quizás me observas. Me miras con esos ojos que solo se activan cuando se encuentran con los míos, solo un segundo, antes de esquivar la mirada.
Quizás nos miran. Como fantasmas de carne las miradas atentas se preguntan qué les pasa a esas llamas que se encienden y se apagan como mecheros con el gas al mínimo.
Y si nos miran y no nos ven ¿qué más nos da a nosotros?
No le ponemos nombre, pero ambos sabemos cómo se llama. Muchos lo escribieron antes que nosotros y cuando ya no estemos, cuando solo quede ceniza de la materia que somos o pixeles de las fotos que nos hicimos, habrá quien siga escribiendo de lo que sentimos.
Y aunque nos estén observando ¿acaso alguien tiene la capacidad de mirar dentro de nosotros? No se imaginan cuán imponente es el fuego que nos une, a pesar de la distancia, a pesar de la ausencia, a pesar de los impedimentos o de las mentiras que rodean a la verdad.
Es en la profundidad de tus ojos donde se encuentran las respuestas, que a veces brotan de tus labios como suspiros mudos. No importa, no hacen falta palabras: tu sonrisa sincera me dice con palabras lo que tus labios no se atreven a decir abiertamente.
Y en el rincón donde se guardan los sueños estarán los nuestros, que siempre permanecerán unidos como tesoros eternos.
Y si nos imaginan ¿qué más da? Y si maduran las sospechas ¿nos importa?
¿Acaso no soñamos con el huracán que arrase con todo?
Yo sé que sí, tú aún tienes miedo.
Pero se derrumbarán barreras que creemos infranqueables porque el tiempo acaba limando la roca más dura. Y la vida siempre acaba abriendo los ojos de cada uno, aunque se sienta ciego, aunque se crea inamovible.
Ahora va por ti ¿ya miraste? Has tardado en llegar hasta aquí aunque sabías que habría respuestas. Quizás también tú tenías miedo de saber. Porque es más fácil vivir en el mundo de fantasía que te creaste manejando marionetas a tu antojo.
Pero la vida es otra cosa, más profunda, más inabarcable.
Y aunque la sueñas y la escribes, no se puede ni tocar desde un corazón frío como el que te habita.
Carpe diem. Está escrito.

domingo, 25 de febrero de 2018

No decir nada

Las palabras se me atascan en los dedos que,  incansables,  teclean en la pantalla brillante de un móvil.  Y la mente,  veloz,  piensa. Tan deprisa lo hace y es tan indecisa que a la par bloquea los pensamientos surgidos, que no pueden ser escritos: porque no se debe,  porque no se puede,  porque es lo que establece la vida recta.
Y así ando. Huérfana de mis propias palabras,  amordazada por las decisiones tomadas,  muda de boca para afuera.
Y miles de ideas hermosas que germinaron dentro acabarán marchitas por no haber sido plantadas en el blanco fértil de las hojas de mi blog.  Ellas se presentan,  me recriminan insistentemente el que no les permita sobrevivir a mis propios instantes y finalmente acaban pereciendo en el olvido del paso del tiempo.
Solo cuando me libere de mis propias cadenas podré gritar cuanto de mí surge.  Y si ese día llega mi voz sonará fuerte y sin miedos. 
Entretanto hay que ser paciente.  El problema es que mis pensamientos no quieren esperar ni un día más...

viernes, 22 de diciembre de 2017

Cerrando el año

Muchos días, cuando estoy haciendo alguna tarea cotidiana, pienso en la de cosas que me gustaría poder escribir. En mi cabeza se van montando los relatos, las reflexiones y las ideas mientras que pelo las patatas o meto las cosas en el lavaplatos y me prometo a mí misma que después sacaré un ratito para pasarlo todo al ordenador.
Pero nunca pasa. Esas historias, esas ideas e incluso los relatos que armé acaban siendo olvidados, excluidos para siempre de una posible materialización en este blog o en cualquier otro soporte.
Hoy, antes de salir a trabajar me volvió a pasar. Pensé en que hacía mucho tiempo que me rondaban cosas por la cabeza y no acababa de rematarlas. Y me trasladé a este presente proyectándolo en el futuro.
Intenté pensar en el porqué de mi interés por perpetuar mis pensamientos en un sitio físico y llegué a la conclusión de que lo que de verdad me interesaba era poder releerme a mí misma en el futuro, cuando sea mayor (aún más) y este blog no deja de ser un lugar digital para poder mantener esos pensamientos ordenados, de manera que si llego a vivir unos años más sea capaz de empatizar conmigo misma, entienda mis circunstancias basándome en la mujer que soy con 50 años.
Porque indudablemente el descubrir aquí lo que yo pensaba hace 5 o 10 años hace que comprenda porqué soy ahora así. Y consiga perdonarme por situaciones que tengo ahora que no me gustan.
Y reflexiono sobre las decisiones que he tomado en los últimos años, las consecuencias de las mismas y los sentimientos que esas consecuencias han generado en mí. Procuro perdonarme por los errores cometidos y reflexiono sobre si cabe el arrepentimiento de aquello que se decidió, aquello que elegimos en un momento dado porque pensamos que sería lo más adecuado para la vida.
Pero no me cabe la menor duda de que cualquiera de esas experiencias han sido significativas para mí en cuanto a que acarreaban un aprendizaje importante y añadían una visión diferente a la vida tal y como yo la miraba entonces.
A veces pienso que el día a día me dota de miles de momentos que permiten que aprenda que esto de la vida no es cosa fácil. Cada rato tengo que controlar a esta mente desbocada que piensa miles de opciones ante las múltiples situaciones que la vida me plantea. Y realmente es una tarea difícil.
Trabajar la paciencia cuando sabes que tu interacción con otras personas son pruebas que se repiten una y otra vez y que dependiendo de lo que decidas obtendrás unas u otras experiencias que añadirán o restarán bienestar a tu interior.
Hoy, a pocos días de finalizar este año, me doy cuenta de que mi vida es una perpetua disyuntiva y que cada decisión que tomo me lleva a un estado de ánimo y de vida completamente diferente. Vale que soy como soy por todas esas decisiones tomadas en cada bifurcación de este largo camino, pero no pasa un día en el que piense que igual debería haber optado por otro recorrido en algunas de aquellas opciones que la vida me planteó.
Quizás el final sería el mismo fuera cual fuera el camino transitado,  pero esto forma parte de uno de los grandes misterios de la vida de cualquier persona: el no saber qué habría pasado de haber hecho justo lo contrario de lo que hicimos.
Es muy fácil ver esto en una película: los personajes hacen cosas diferentes cada vez, y cuando vuelven a su tiempo el resultado es que muchas personas dejaron de estar en sus vidas o las situaciones de su entorno han cambiado hasta tal punto que él mismo es un desconocido para las personas que en la vida de su primera opción eran importantes para él (o ella)


jueves, 31 de agosto de 2017

El principio o el fin

Cuando llega el fin de un periodo siempre aparece acompañado del vértigo que produce lo que está por venir. Esto se puede aplicar a las vacaciones, a las relaciones, a los trabajos, a las emociones o a todo ello a la vez.
Es quizás cuando llegas a este punto cuando lo que era vértigo se transforma en miedo paralizante, y aunque quieras un cambio que retuerza tu vida, no encuentras los anclajes que te animen a hacerlo.
Hoy un amigo me mandó un vídeo de motivación. Al verlo un click se activó en algún recoveco de mi mundo interior. Empezaron los "¿Y si...? seguidos de mil opciones posibles de vida.
Llegados a este punto me planteaba qué camino querría tomar en mi vida. Siempre pensé que era el de la enseñanza. Me apasionaba transmitir mis conocimientos de historia, mi facilidad para escribir y especialmente motivar a los alumnos que me tocaban en suerte.
Y hablo en pasado con gran pena porque parte de esa ilusión que me embargaba cada 31 de agosto se murió hace ya varios años cuando las circunstancias me apartaron de aquella docencia para que me centrara en otra que no me apasionaba de la misma manera.
He sabido acomodarme a todo lo que me ha venido llegando septiembre tras septiembre aún viendo que parte de mi talento y mis pasiones se iban diluyendo por los retretes de mi vida. No iba a seguir plantando esas semillas de amor a la historia o a la literatura en suelo fértil. Solo incidentalmente tendría acceso a los ricos campos de cultivo. Mi labor sería arañar en tierras secas para tratar de que al menos en ellas brotase alguna planta, fuese la que fuese. Ese sería mi cometido a partir de ese momento.
Lógicamente repetir el proceso del protagonista de la película "Atrapado en el tiempo" más conocida como "El día de la marmota" resultaba agotador. Y poco motivador.
Así que fuera de aquel bucle desgastante trataba de buscar otras fuentes de motivación: proyectos, concursos, objetivos.
Así he logrado sobrevivir los últimos años, tratando de respirar en un ambiente tóxico para mis ilusiones, bocanada a bocanada. Y llegaba al final con las fuerzas mermadas y la frente baja, dispuesta recibir el último estoque, ese que siempre me ha sido reservado para el final, asestado directamente a la nuca.
Después dos meses de desintoxicación permitían recargar las fuerzas, sanar las heridas e insuflar aire puro a los pulmones y energía blanca a las ilusiones. Y volvía al ciclo de supervivencia, a mis 6:00 de la mañana perpetuo, y a mi recorrido hasta ese estoque.
Hoy he tratado de respirar más profundamente que otros 31 de agosto, y he sentido que el aire no fluye igual. Este año los dos meses no me han sanado, quizás porque otras heridas se han abierto y las cicatrices, acumuladas, no ha podido cerrarse todas a la vez.
Así que este año he de enfrentar el nuevo reto con menos ilusiones en la maleta, con menos aire en los pulmones, y con menos patas en las que apoyarme.
Aún así confío. Confío en que encontraré nuevos anclajes, nuevas sonrisas, nuevos amores, almas que me agradecerán el esfuerzo que hago. Porque no quiero que esa parte de mí se muera, porque aprenderé a esquivar los estoques y nada ni nadie me convencerá de que la Irene de 50 años no vale. No es lo mismo no ser valorada que no valer. Lo primero es tristemente cierto, lo segundo categóricamente no lo es.
Adiós agosto. Septiembre te empuja, y me toca avanzar... ¿Reilusionarse?. Siempre hay que intentarlo.