domingo, 22 de enero de 2017

La armadura del corazón

Giró la llave y oyó como el clic confirmaba que el mecanismo se cerraba.
Esta vez tenía la firme intención de no abrir nunca más esa cerradura ya que, cual caja de Pandora, únicamente encerraba dolor y cada vez que se abría, de su interior, se escapaba la poca esperanza que había conseguido guardar.
Había amado incondicionalmente varias veces. Y cada vez que había abierto su corazón éste había resultado dañado. Y ya no era necesario hacerlo nunca más.
Se dijo a sí misma que con tanta experiencia acumulada y tanta entrega regalada había cubierto el cupo de toda la vida y que ya estaba bien de ocupar ese lugar en el universo.
Así que miró hacia afuera, dispuesta a observar todo lo que la rodeaba con otros ojos. Y solo vio un espejo.
Allí sus ojos reflejados le dijeron que se equivocaba. Los cerró. Y se dio cuenta de que al cerrarlos podía otear aún el palpitar que acababa de encerrar en su pecho. La armadura no era hermética y por un resquicio de la cerradura brillaban las ganas de seguir amando.
Abrió los ojos.
Solo era necesario cambiar la perspectiva con la que mirar el mundo para seguir viviendo sin tantos pálpitos. Era más que suficiente para empezar.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Los cincuenta que se vienen

Ya mañana será 2017. Y con ese día se iniciará el año en el que cumpliré medio siglo de vida si es que llego hasta agosto.
Y ambas cosas deben ser revisadas por esta pensadora de chichinabo que escribe en este blog.
En un año acabado en 7 nací, y con muchas dificultades para mi alimentación, salí adelante.
Desde entonces como todos y cada uno de los que posáis vuestros ojos en estas líneas, me dediqué vivir, a veces bien, a veces mal. Amando y siendo amada. Reconociendo y siendo reconocida.
He transitado por esta vida desde que fui concebida hace ya un poco más de 50 años. Tal día como hoy ya sería noticia para mis padres..."Otra vez embarazada, y van siete. Esta vez toca niño", pensarían mis progenitores... Pero fui mujer en casi todos los aspectos externos e internos. Y digo en "casi todos" porque hay una parte de mí en la que me siento con características masculinas en el sentido social de esa palabra. Y ni es bueno, ni es malo, pero forma parte de mí y me hace sentir humana, a secas.
Cuando llegas a estas fechas de fin de año y de comienzo de otro en el que de nuevo redondearás cifra tratas de pensar en qué hiciste los últimos 10 años que fuese importante para ti. Miro atrás y veo a una mujer que ha tenido que enfrentarse a muchas dificultades, que ha tenido que pelear y defenderse para sobrevivir, que ha amado profundamente y se ha sentido muy querida por muchos y buenos amigos (permitidme usar el masculino para referirme a hombres y mujeres, tal y como aprendí, que ya bastante me satura el "todos y todas" en el trabajo).
En esencia todas las dificultades han sido experiencias de aprendizaje y muchas de ellas están recogidas en este blog que ya tiene 8 años de vida...
Hoy soy una mujer con la maleta cargada de cosas buenas, que ha sabido sobreponerse a momentos de dureza y ha perdonado lo que se podía perdonar. Por el camino perdí familia, unas por muerte física y otras por muertes emocionales, perdí amigos que decidieron seguir senderos divergentes al mío pero a los que no supe retener... Y tuve que dejarlos ir.
Y para compensar esas pérdidas la vida me regaló amistades nuevas y pude conocer a familia que, aun cercana en sangre, era lejana en distancia. Y esas almas que aparecieron son más compatibles conmigo que las que marcharon, porque no llegaron cargadas de artificios, sino con su propio camino transitado y sus experiencias vividas, libres de prejuicios y dispuestas a dar y recibir amor.
En el cómputo global de la vida no me puedo quejar, sería ingrata e injusta. Valoro cada instante de mi vida porque soy consciente de que soy una privilegiada del primer mundo a la que no le falta nada de lo esencial.
A 2017 quiero pedirle lo que todos deseamos. Que cada ser humano tenga una guerra consigo mismo en la que la parte buena venza a la mala y todos nos demos cuenta de que es más constructivo amar y respetar que luchar por imponer ideas, religiones, opciones sexuales, tendencias en general. Solo así llegaría el equilibrio.
2016 quedará marcado en el calendario porque nacieron mis sobrinos, hubo reencuentros maravillosos, viví momentos de felicidad plena y aprendí muchas cosas nuevas.
2017 viene cargado de cosas buenas. Ya lo veréis...

viernes, 23 de diciembre de 2016

El dominó

Hace varios días que un dominó rondaba mi cabeza. Pensaba en lo frágil que es mantener un caminito de piezas de dominó erguidas no ya durante el vaivén de un terremoto, sino también durante el más suave cimbreo del lugar donde se posan.
La vida viene a ser lo mismo. Vamos colocando piezas con mucho cuidado y siempre se espera que solo cuando lo decidimos se producirá ese pequeñísimo empujón que hace que una pieza caiga sobre su vecina y una tras otra vayan desbaratando lo que habíamos construido con tanto cuidado.
Pero como hace tanto que construiste tu camino ya no recuerdas donde dejaste los respiraderos para poder frenar la caída. Igual no dejaste ese espacio y de esta vez todas las piezas caen irremediablemente.
Y por un lado eso da miedo. No quieres que pase porque se puede herir a muchas de las piezas que hay en el camino. Porque hay desniveles realmente altos, y la pieza que sufre esa caída puede incluso romperse. Por eso se trata de retrasar lo más posible cualquier movimiento brusco que haga vibrar toda nuestra vida. Porque hay miedo al cambio,miedo a descubrir qué ocultan tantas y tantas piezas que están ahí solo para hacer bulto.
Pero tampoco es bueno permanecer siempre en el mismo lugar. Un cambio puede ser lo que necesitamos para que la vida mejore. Y aunque duele la caída, desde el suelo podemos ver otra perspectiva realmente interesante de la vida que nos impulse a levantarnos y a ocupar otra posición desde donde la que observar una nueva realidad.
El cambio de año es siempre un momento en el que siempre se piensa en los cambios. Para el que viene, 2017, cumplo 50 años y creo que de alguna manera ya es momento de que se produzcan cambios trascendentales. No sé de dónde vendrán ni cuando, pero ha llegado el momento de apostar y ganar o perder.
Felices fiestas, piezas de mi vida.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Poemas automáticos 4. Improvisaciones en el aula

Música de meditación

El sonido de la flauta
acompaña los torrentes ,
el agua callada magia
se dirige hasta las fuentes.
Un pájaro canta muy dulce,
sus trinos suenan valientes
acompañando a la música,
que nos alegra las mentes.

Algunos chicos

I- Tímido
Soy cauto, discreto y callado
mas pienso en la vida que vivo,
mi escudo es mi lado olvidado,
mi cara lo que hago contigo.

II- Huérfana
Recuerdos de niña
que rompen el alma
tu cara divina,
tu anhelo y tus ganas.
Te sientes muy sola,
presencias que faltan.
Te acuerdas y lloras,
recuerdas y amas

III- En país extraño

La cara pegada a la mano,
sin ganas ni fuerzas de hacer.
Desidia en la escuela de un niño
que no quiere nunca aprender.
Ni versos, ni coplas, ni nada
ni mates, ni lengua, ni inglés,
la clase me aburre y me mata,
repiten lo mismo otra vez.

IV- Enmascarado

Me escondo detrás de mis gafas
no mires no busques en mí.
Prefiero que pienses y me hagas
poema y canción para mí.
Presumo mas sufro por dentro.
Me oculto de todo, de ti.
Me rompe todo lo que siento,
me alejo y no quiero sufrir.
Destrozo la vida de al lado,
despojos del niño que fui.
No busques, que no soy el malo,
sí sufro, y yo quiero vivir.

V- Inquieto

Manojo de nervios crecido,
sonrisas y gracias sin par,
la charla se viene conmigo,
soy niño y me gusta jugar

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Y cuando pasan 9 años y no te olvido

Ya hace 9 años de aquella mañana fría de noviembre en la que tu cuerpo se paró para siempre.
Y se fue solo el cuerpo, porque tu corazón, desde ese mismo momento, convertido en amor puro, comenzó a besar nuestras almas desde dentro, llenándonos de un calor desconocido para muchos hasta ese momento.
Y volviste a renacer en el hombre fuerte, recio y amoroso que siempre habías sido. Tras unos años presa en un cuerpo que ya no respondía, tu alma, ya liberada, comenzó de nuevo a cabalgar haciendo que muchos despertásemos de ese letargo humano que nos apartaba de nuestra esencia divina.
Y en el despertar de la conciencia estaban muchas respuestas que ya dejaste entreveradas en tus escritos. Respuestas sobre quienes somos, sobre la inconmensurable fuerza del amor como motor de cambio, sobre nuestra verdadera naturaleza de almas inmortales.
Y me abriste también la mente, viendo más,  justo cuando mis ojos físicos dejaban de ver.
Y aunque hoy me dijeron que nunca podré volver a ver todo nítido, ni en tres dimensiones, sin embargo me siento afortunada por ser capaz de ver con los ojos del interior cosas que personas con una vista física envidiable son incapaces de ver.
Y sé que en todo este proceso eras tú, papá, el guía que siempre me acompañaba. Porque tus palabras inmortales me llegaron en los momentos en los que más las necesitaba, porque tu voz potente y amorosa se reproduce en mi mente para transmitirme la serenidad que a veces me cuesta mantener, porque me das esperanza para seguir esperando que ese cambio vital en positivo se acabará materializando.
Hoy quería volver a recordarte, papá querido. Porque soy la mitad de ti y me sigues haciendo falta.
Ah, y me niego a que descanses en paz. Como alma amorosa que eres te pido, te suplico, que sigas cuidando de mi, que me protejas de los desamores de cualquier tipo que me ronden y que me infundas las fuerzas y ganas de poder imitar al menos un poco de la imagen que fuiste. Con todo mi amor, te recuerdo siempre. Irene.

viernes, 19 de agosto de 2016

Este tsunami que me arrastra

Hoy fue un día increíble. De esos en los que te atrapan las presencias y te duelen las ausencias. Y aunque de esas ha habido pocas de alguna manera te recreas en pararte por ellas en vez de dejarte arrastrar por el tsunami de cariño y atenciones del que he sido partícipe.
Y en resumen destacar que este cumpleaños estuve en Pinilla, acompañada una vez más de queridos y apreciados amigos. Abrumada por la cantidad de gente que se paró a llamarme, a escribirme... Como nunca antes.
No sé si se hace por inercia, pero yo solo le escribo a quien aprecio y entiendo que los demás lo hacen de la misma manera. Por eso hoy me siento inmensa, plena, flipada...
Más allá de ello si hiciera un resumen de este año he de destacar que fue año de desenterrar emociones, de conocer a personas nuevas, de amar a muchas nuevas amistades, año en el que en el trabajo fui feliz casi todo el tiempo, vivir con mi madre me enriqueció de muchas maneras. Muchos reencuentros del pasado y muchas ilusiones imaginadas.
Para el último tramo de la cuarentena me pido amarme de una vez por todas como amo a muchas personas que están en mi vida. Creo que ya hice méritos para ser muy amada y en vista de que hay facetas en las que nunca voy a ganar, mejor que sea yo la que me brinde ese amor incondicional. También me pido aprender a desapegarme, dejar marchar sin que me duela, perseguir solo lo que esté en mi mano...
Mando mi deseo al universo y confío plenamente en que al ser parte de él me recompensará.

jueves, 21 de julio de 2016

Dos capítulos sobre Khalil

Visto que será difícil acabar esa novela interminable os comparto el fragmento sobre la vida de uno de mis muchos protagonistas. Acepto críticas.

"Mirando el firmamento trató de contar las estrellas que brillaban en la noche. Tal y como le había enseñado su abuelo en el norte se encontraba Sirio, una estrella que servía de guía para encontrar un grupo de luces que formaban un cinturón al que llamaban constelación de Orión. Y desde allí, cada muchos años un grupo de estrellas se dejaba ver, y muchas cosas cambiaban...

Pero no era en esa época del año cuando encontraría el rastro de las Pléyades en el cielo.

En el desierto  arábigo las noches eran frescas y eso le obligaba a llevar una túnica blanca de manga larga. Bajo la misma  unos pantalones holgados le protegían de posibles picaduras de insectos, así como de los roces que el cabalgar sobre el camello durante horas, acompañando a las grandes caravanas de comerciantes, le producían.

Esa noche la jaima del jefe permanecía iluminada. Unas antorchas encendidas, habian sido clavadas a poco más de un metro de la entrada de la misma. Hombres vestidos igual que Khalil entraban y salían sin cesar, rompiendo el silencio del desierto.  Esperaba ser convocado de un momento a otro para ser informado de lo que ocurría.

Su propia tienda, donde compartía lecho con su esposa, Azhar (flores) y sus hijas Fátima y Salma (paz), había vivido unos momentos tensos cuando él decidió salir del oasis para observar el cielo.

Mientras pensaba, alguien lo llamó por su nombre y se acercó a la jaima principal.

Días antes habían llegado a la zona y había ayudado a su montaje. Habían extendido el gran toldo en el suelo en dirección contraria al viento, fuerte en el desierto. Unos postes habían sido anudados por cuerdas para darle tensión al toldo y después había sostenido uno de los postes centrales tras haberlo elevado a la altura justa.

Al entrar esa noche en la tienda comprobó cómo habían sido colocados unos cerramientos de un tejido hecho de pelo de cabra y de lanas decoradas. En el techo, varias bandas de color oscuro servían de refuerzo al ser estiradas y ancladas en el suelo.

Aunque la noche era muy fría en el exterior, la jaima permanecía confortablemente cálida. Las telas habían sido recubiertas con almagre y grasa, lo cual servía para protegerlas del sol y de la lluvia, aunque esta era bastante escasa en la zona.

Un fuego crepitaba en el centro de la jaima, iluminando el espacio con una luz anaranjada que era reflejaba por los distintos objetos metálicos dispersos por la tienda. Sobre una mesa baja, una tetera de bronce humeaba y el olor del té inundaba toda la estancia.

La gran tienda del jefe estaba decorada con alfombras realizadas con pedazos de distintos tipos de pieles. Unas lámparas de aceite, colocadas en los cuatro puntos cardinales, iluminaban las zonas más oscuras de la tienda, allí donde no llegaba la luz de la hoguera.

Junto al fuego, sentado sobre un cojín, estaba el jefe de la tribu. Tenía las piernas cruzadas y  los dedos de las manos unidos por pares, formando un rombo con los dedos pulgar e índice. Apoyaba su frente en la conjunción de ambos dedos índices y aparentemente estaba dormido.

Esperó a que el jefe saliese de su estado meditativo observando las llamas de la hoguera que atemperaba la jaima. Imaginó unos seres diminutos danzando al son del crepitar como duendecillos salvajes que avivaban la luz.

Se sintió observado. Levantó la vista pero la intensidad de la luz de la hoguera lo había dejado  momentáneamente ciego. Poco a poco la silueta negra de su jefe fue tomando color a medida que los ojos se acostumbraban de nuevo a las sombras. Unos ojos grandes y grises le acogieron con inmenso respeto. Se sintió abrazado desde el interior porque esos portales hacia al alma le transmitían un calor mucho más intenso que el del fuego al que había estado observando.

— Siéntate Kalhil — le pidió el jefe señalando hacia un puff que se encontraba frente a él.— Es mejor que estés cómodo puesto que lo que tenemos que hablar es algo muy serio y necesito toda la atención de tu mente. Cuando el cuerpo siente incomodidad manda reclamos a la mente para que le prestemos atención y no podemos negársela. Eso nos hace olvidarnos de lo importante que es nuestro interior. Nos distraemos continuamente y no dejamos hablar a nuestra esencia. Hoy necesito que estés aquí en tu presencia global.

Kalhil se acercó al lugar señalado. Un puff de piel circular, bicolor,  de base en color arena y decorado con pieles cortadas en rombo y teñidas en terracota, y  que habían sido pintados con ribetes dorados,  le sirvió de asiento. Se colocó con la espalda recta y las piernas cruzadas a la altura de los tobillos y centró toda su atención en las palabras que empezaban a brotar de los labios del jefe del clan.

— Hijo — dijo. A Kalhil le sorprendió que su padre utilizase la expresión. Desde que había adquirido su mayoría de edad, hacía ya más de 15 años,  su padre lo había tratado como a un hombre más de la tribu. La relación paterno-filial había pasado a un segundo plano y él mismo había perdido la costumbre de llamarlo Ab Bahir lo que indicaba el grado de parentesco. Desde hacía mucho que lo llamaba Shayj Bahir, o jefe Bahir y la distancia se había incrementado entre ellos.  — La situación está cada vez peor. Desde la muerte de Selim las relaciones con la coalición de tribus y el nuevo sultán nos están comprometiendo.

Kalhil recordó la reunión que habían tenido unos años antes en la que el shayj Bahir, su propio padre, les había contado las condiciones que se habían pactado con el sultán Selim I, una vez que éste se proclamó a sí mismo como el Jadim ul Haremeyn, «El Criado de los Dos Sagrados Lugares Santos», en vez de Hakim ul Haremeyn, «El Gobernador de los Dos Sagrados Lugares Santos». Aunque la tribu de Kalhil no había abrazado la religión musulmana, como sus vecinos del desierto, seguía adorando la kaaba o piedra sagrada, que se encontraba en La Meca. Ello los había comprometido políticamente con el sultán, que podía reclamar su ayuda en cualquier circunstancia si así lo requería.

— Soliman ha incrementado la presión hacia las tribus del desierto. Nos reclama que intervengamos en las campañas que están llevando a cabo contra los persas. Las tribus del norte que apoyan al imperio se niegan a someterse al sultán y éste está planeando una gran ofensiva — se mesó, nervioso, la barba y mirándolo fijamente continuó — También tiene una guerra abierta con los cristianos del poniente, que siguen mandando caballeros para acabar con el Islam y Solimán los repele. No quiere dejarlos recuperar Jerusalem.

— ¿Qué es lo que quiere de nosotros Shayj? ¿Porqué denotas tanta preocupación? — la actividad de las manos del jefe delataba el malestar que le provocaba reconocer ante su hijo mayor la gravedad del tema. — No será para tanto. Cuénteme qué es lo que piensa que podemos hacer.

Tomó el puff con las manos y se acercó a su padre. Soltando el asiento en el suelo, se arrodilló a los pies de Bahir y lo abrazó fuertemente. Como solo sabe hacer un hijo a un padre. Bahir, sorprendido a la par que agradecido le devolvió el abrazo."