Y como hoy no ha sido un buen día para mí he decidido desahogarme un poco por este mi rincón especial.
El vídeo en cuestión hablaba de un hombre que estaba encerrado en una isla de la que no podía salir. Esa isla no lo hacía feliz pero cada vez que trataba de salir de ella había una ola alrededor de la misma que le producía un miedo atroz. No sabía qué había detrás de esa ola pero habría necesitado de mucho valor para atravesarla y descubrir que el mar después estaría en calma y ampliaría en mucho sus posibilidades de ser feliz.
De primeras vi la similitud con la existencia de alguien a quien quiero mucho, atrapado en una isla de la que no puede salir porque unos miedos irracionales lo bloquean. Se niega siquiera a contemplar la posibilidad de nadar hasta la ola, aunque, en su caso, desde su isla puede ver que tras esa masa de agua hay un destino, mucho que vivir, lo puede ver, hasta lo huele y sabe que sería infinitamente feliz si lograra llegar a superar su miedo.
En su isla solo hay una verdad frente a muchas mentiras y tras la ola hay muchas verdades y mucho amor, pero no encuentra el valor de lanzarse al agua.
Otro ejemplo para la misma historia es el de transitar el duelo por una pérdida. El libro "El amor que dejas" que se ha publicado estos días, habla de la resiliencia de cinco viudas que han perdido al amor de sus vidas y de lo que tuvieron que pasar hasta recomponerse lo suficiente para seguir viviendo.
En la presentación las escuchaba y pensé que el duelo por la pérdida de tu amado cuando sigue vivo es tan doloroso como cuando muere, con el agravante de saber que tienes que imaginar que nunca más lo vas a ver en tu vida aunque siga respirando a menos de 50 kms de ti.
Y entonces aparece mi propia isla. La de tener que luchar por no llamar, por aceptar que no te elige por miedo, la que tiene una ola alrededor del dolor más desgarrador, que tienes que tratar de transitar para poder seguir viva.
Y pasan los meses y solo nadas un poco hasta la base de la ola y ya, allí, te fallan las fuerzas porque las lágrimas son más saladas que el mar y no puedes seguir. Y te centras en vivir anestesiado, tratando de que los recuerdos se esfumen cuando aparecen de nuevo en la mente, obligándote a cerrar los ojos para no volver a imaginar los ojos de esa persona a la que tanto amas... Los ojos del samurai que tan bien conoces...Es una verdadera tortura.
Hoy he tratado de zambullirme con la intención de bucear esa ola, intenté convertirme en flecha para pasar rápidamente por esa ola de dolor y ha sido lacerante para mí. Me he quedado sin fuerzas, sin palabras, sin ganas pero tenía que intentarlo.
Soy consciente de que si no me vacío de ese amor que me lleva acompañando tanto tiempo, jamás llegará el verdadero amor a mi vida. No quiero quedarme en mi zona de desconfort sabiendo que jamás seré la elección de mi amado y por eso debo transitar ese duelo tal y como si fuera una viuda que ha perdido al amor de su vida. Está siendo muy muy duro, más de lo que yo creía, pero decidí elegirme a mí ya que yo no era la elegida...
Lo triste de todo esto es que la elección es una absoluta mentira, una fachada absurda en la que muchos personajes se ponen caretas y ocultan quienes son. Y se ve tan ridículo cuando conoces sus secretos...
Me quedaré tomándome un té rojo que me recuerda lo ridícula que es a veces la vida.
Ojalá en la siguiente embestida logré traspasar la ola de mi isla y todo, absolutamente todo, quede atrás
Aunque ahora no lo ves, te aseguro que ese dolor pasará, que las nubes negras darán paso a un hermoso cielo azul con un radiante sol que te reconfortará con su cálida luz. Ten fe. La tormenta pasará. Por cierto, soy Manoli.
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